M. CHACÓN, Los Llanos
La Reserva Marina de La Palma, en la costa oeste de la Isla, desde El Remo (Los Llanos) hasta la punta sur de Fuencaliente, se ha convertido en un escaparate tecnológico de referencia para toda España, en cuanto a investigación marina. Es la reserva marina española mejor dotada de medios y acaba de estrenar su última adquisición, un equipo exclusivo que se estrena en La Palma y que la sitúa como la mejor posicionada en tecnología entre los espacios marinos protegidos y gestionados por el Ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino.
Dentro de un proyecto de investigación I+D+I, que se basa en la recogida de datos físicos-químicos, biológicos y socieconómicos de la reserva marina para su posterior integración en un sistema de gestión medioambiental, se ha puesto en funcionamiento la primera boya oceanográfica que se coloca en un área marina protegida. Su objetivo es el desarrollo de una herramienta de gestión que permita a los gestores obtener el máximo de información para la toma de decisiones, especialmente en cuanto a la calidad ambiental del agua.
EL DÍA ha tenido la oportunidad de conocer in situ el novedoso instrumento y su funcionamiento, así como todo el equipo tecnológico al servicio de los técnicos que gestionan la reserva marina, a fin de garantizar el cumplimiento de los objetivos del programa de regeneración de especies propias del ecosistema marino de La Palma.
La nueva boya oceanográfica, que ha costado más de 90.000 euros, será vital para hacer valer el esfuerzo inversor que se viene realizando en este espacio marítimo, contando con el máximo de información posible y generando una tabla de parámetros históricos que beneficiarán a futuros estudios que se realicen en la zona.
De última generación
La baliza instalada tiene dos metros de diámetro y soporta un sistema de sensores físico-químicos, para obtener datos de PH, oxígeno disuelto ,turbidez, salinidad, conductividad o fluorometría. Además, cuenta con un corrientímetro que permite obtener la velocidad y la dirección de la corriente de 0 a 20 metros de profundidad.
Para no causar daños en los fondos marinos de la zona, se ha evitado la colocación de un muerto de fondeo, utilizándose una piedra del fondo para anclar la boya, además de un sistema especial de flotación para que los cabos no rocen en el fondo. Los principales equipos se alimentan de luz solar y además cuenta con un sistema de señalización que también se alimenta de placa solares.
Además, tiene una pequeña cámara de vigilancia que envía imágenes cada cierto tiempo. Los datos son recogidos en un ordenador cada media hora y posteriormente son integrados en el sistema de control ambiental general.
La boya completa un instrumental de última generación que desde hace más de cinco años se viene poniendo al servicio de la reserva marina, con máscaras de comunicación subacuática, cámara y robot submarino, prismáticos de visión nocturna y propulsores marinos.
regeneración
Más peces y de mayor tamaño
La Reserva Marina de La Palma, siendo la más profunda de las que existen en España, con unos 1.000 metros hasta el fondo del mar en algunos puntos, cuenta con un nivel de regeneración muy rápido, según se demuestra en las campañas científicas que se realican (tres por año) en los 21 puntos de muestreo distintos situados en la costa oeste, dentro y fuera de la zona protegida, desde Fuencaliente hasta Tijarafe. El seguimiento de indicadores biológicos para valorar el estado de la misma y su evolución, con el apoyo del Instituto Español de Oceanografía, ha detectado un importante aumento de tallas y biomasa (número de ejemplares) en especies como la vieja, la cabrilla, la morena negra y el pargo. Además, se han recogido los primeros indicios de exportación de biomasa desde la reserva hacia zonas colindantes. Se confirma la presencia de una mayor variedad de especies en la reserva, con tallas más grandes dentro que fuera de la misma. A esto se une un mayor número de ejemplares de especies tan importantes como el mero, el abade, el pejeperro o el tamboril espinoso. En la actualidad se está estudiando el impacto que pueda haber generado el escape de las lubinas depredadoras desde las jaulas acuícolas de Tijarafe.
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