EL LIBRO "La ciudad y sus habitantes", de doña María Rosa Alonso, que acabo de leer, me ha enriquecido considerablemente en temas lingüísticos, literarios, artísticos, políticos, geográficos? Lo ha editado recientemente la Viceconsejería de Cultura del Gobierno de Canarias, aunque cuanto se ofrece en él fue escrito entre 1968 y 1984, según confesión de la propia autora.
Digo que me he enriquecido porque hay detalles en el libro que me eran desconocidos y porque algunas opiniones de doña María Rosa echan por tierra las que yo he venido defendiendo hasta ahora. En algún momento, sin embargo, parece que la razón está de mi parte. Pero ya conocen ustedes mis limitaciones. Contaré algunos detalles y ustedes me dirán hasta donde llegan mis aciertos, si es que los he tenido.
En la página 116 se lee: "Sáhara, como sabe el lector, significa en árabe desierto; así que decir desierto de Sáhara es como decir el desierto del desierto, oséase lo que llaman los lingüistas finos una tautología; decir lo mismo".
En relación con este pequeño fragmento tengo que hacer tres observaciones. La primera, que yo no sabía eso de tautología, aunque nunca es tarde para que un pueblerino se ponga al día en ciertas cuestiones. Segundo: la palabra oséase, así, todo juntito, dio lugar a que yo creyese que estaba ante un canarismo porque la he oído en mi pueblo muchas veces; pero los señores Marcial Morera, Antonio Lorenzo, José Luis Concepción y Gonzalo Ortega no la contemplan en sus diccionarios. De todos modos, como conozco a doña María Rosa y sé de su amor por todo lo canario pensé que estábamos ante una creación suya, apoyada en el habla campesina. Y voy con la tercera sorpresa, que me parece más interesante:
Cumplí en África (en El Aaium, concretamente) el servicio militar. Nunca oí, en mis 17 meses viviendo como saharaui o sahariano, como ustedes digan, que Sáhara y desierto fueran palabras sinónimas. Creí que podría decirse desierto del Sáhara, como decir desierto de Gobi, desierto de Kalahari y desierto de Arizona. Pero digo más: En el DRAE, una cosa así como la Biblia en temas lingüísticos, se dice de las voces saharaui y sahariano lo siguiente: "Perteneciente o relativo al desierto del Sahara" (sin tilde). Así que no veo yo muy claro el asunto. ¿Estamos ante otro caso de tautología?
Paso a otro detalle que se me escapaba. Se encuentra en la página 43 y pasé por ella sin darme cuenta. Escribe mi admirada profesora universitaria lo que sigue: "? una lengua que, como el turco y el finlandés, es de las antes llamadas aglutinantes que, con sus elementos componentes portan, cada uno, su significación, según se combinen".
Deben ustedes creerme si les digo que, cuando yo preparaba mi ingreso en el bachillerato (1941), nuestra inolvidable profesora doña Carmen Labrador, nos aclaró que las diferentes lenguas que existen en el mundo se agrupan en monosilábicas, aglutinantes y flexivas. Desde entonces -y han transcurrido ya setenta años- nunca he vuelto a oír eso de lenguas aglutinantes. Ni una sola vez. Imagino que ya no será necesario estudiarlo, pero repito que yo conocía esta distribución de las lenguas desde los tiempos de mis estudios de niño, a punto de cumplir los once años. Acompáñenme ahora, por favor, hasta la página 98. Se lee allí "?pero hasta que no adquiera conciencia personal y se emancipe?". Muchas veces he oído y leído esto de "hasta que no". Yo no suelo expresarme así. En mi opinión, el adverbio de negación está sobrando. Yo diría "hasta que adquiera". Claro que esto no quiere decir que la razón está de mi parte. Creo que doña María Rosa ha vuelto a ser fiel al habla popular.
Finalizo en la página 247, donde se me permite leer lo siguiente: "Pero sobre todo es decisivo la orientación de sus lecturas y revistas y diarios que lee".
Son muchas las personas que se expresan así oralmente, pero no lo había visto escrito. Pienso que, en lugar de decisivo, voz masculina, debió emplearse decisiva, porque se está haciendo referencia a la orientación, que es también vocablo femenino. Me inclino a creer que, en esta ocasión, se trata de una simple errata.
Como verán, son muchos los detalles que nos ha ofrecido doña María Rosa en su libro. Le expreso desde aquí mi más sincero agradecimiento por haberme ayudado a pensar, sano ejercicio para hacer más pasajera la vejez.
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