EFE, S/C de Tenerife
Un equipo de investigadores que a finales de septiembre de 2009 recogía fauna pelágica en aguas de El Hierro encontró, para su sorpresa, que en la superficie marina había cenizas del gran incendio forestal de La Palma, del que se cumple un año el 1 de agosto.
El inesperado descubrimiento se realizó durante la campaña TFMCMB/2009 que emprendió el Museo de Ciencias Naturales de Tenerife del 20 al 27 de septiembre del año pasado, casi dos meses después del incendio forestal que asoló los montes palmeros, según recordó en una entrevista Fátima Hernández, conservadora de Biología Marina de la institución.
La campaña tenía como puerto base La Restinga y su objetivo era recolectar fauna pelágica de profundidad, estudios que se complementaron con muestreos terrestres de aves y geología-paelontología.
Para ello se llevaron a cabo más de treinta pescas con redes especiales para plancton de profundidad, sobre fondos de más de mil metros, así como arrastres neustónicos como manga de patín -en superficie- tanto diurnos como nocturnos.
Fueron en concreto esas muestras de la zona superficial las que presentaban un color negro. Los pescadores acompañantes comentaron a los científicos que llevaban observando durante algún tiempo la presencia de cenizas también en sus aparejos de pesca.
La campaña se realizó en el Mar de Las Calmas, una zona protegida -salvo cuando hay temporales del sur-suroeste- y previsiblemente las cenizas, en ausencia de viento y corriente, quedaron "atrapadas" en la superficie marina.
Los investigadores proyectan publicar en breve un estudio sobre este hecho, pues no existen referencias de fenómenos similares, y subrayan el interés de analizar cómo los incendios inciden sobre las comunidades marinas.
Hernández precisa que, aunque en este caso se trataba de material quemado de bosques, en otros países hay proyectos que están estudiando los efectos de la ceniza del volcán islandés Eyjafjalla sobre la fauna marina, aunque son estudios que hay que analizar en amplios periodos de tiempo para poder concluir sus consecuencias.
El medio marino es complejo, explicó la bióloga, y prueba de ello es que hay estudios en los que se indica que las tormentas de arena de África aportan partículas minerales al océano (hierro por ejemplo) que parecen incidir sobre la fertilidad de las aguas.
Al respecto, señaló que el plancton marino "es tratado injustamente e ignorado erróneamente", pues tanto el fitoplancton como el zooplancton son los pilares de la vida marina.
El primero (organismos vegetales) es el "oxigenador" de la atmósfera, el auténtico pulmón del planeta -emite el 60-70 por ciento del oxígeno que se exhala a la atmósfera-, en mayor escala que bosques y selvas. Además actúa como "sumidero" o captador del dióxido de carbono desde el aire hacia las aguas.
Por otro lado, el zooplancton alimenta a muchos animales marinos, tiene un papel relevante en la cadena trófica y algunas de sus especies son indicadores de pesca, de contaminación y también del cambio climático.
Cuando hay derrame de petróleo, como ahora en el golfo de México, las imágenes impactantes son del crudo sobre fauna macroscópica, pero también hay un desastre ecológico a nivel microscópico, pues impide que la luz llegue a estos organismos que son la base de la vida en el mar, detalló.
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