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SUPERCONFIDENCIAL ANDRÉS CHAVES

Ni-Ni

30/jul/10 07:41
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1.- La generación Ni-Ni (ni estudian ni trabajan) parece haberse impuesto entre la juventud española. Sus metas son la Internet, el ocio, la reclusión voluntaria en sus reductos paternos y probablemente la droga de menor nivel. No hay que buscar culpables sólo en los padres -que también lo son, claro-. Los jóvenes emplean su inteligencia en no estudiar, ni trabajar; en no hacer nada. Y están produciendo un verdadero problema de absentismo escolar grave, de ignorancia de su propio país, desprecian la política, detestan el orden establecido y les da lo mismo pernoctar bajo un puente que en su casa; sólo quieren no ser molestados. No toda la juventud española está inmersa en la tragedia Ni-Ni, pero sí una buena parte. Las soluciones son difíciles, porque el mal se encuentra muy arraigado; y la pregunta consiguiente es más que preocupante: ¿qué va a ser de ellos el día de mañana, cuando tengan treinta años, sin oficio ni beneficio, sin aspiraciones y sin un proyecto de vida definido, o cuando sus padres sean demasiado viejos para seguir alimentándolos?

2.- Aunque nos esforcemos en extender el mal a Europa, no es exactamente así. Mientras que la Internet ha sido un adelanto impresionante para el mundo entero, flaco favor hace la red a quienes hacen un mal uso de ella -como los Ni-Ni, por ejemplo-, que han quedado atrapados en sus garras. Les es imposible vivir sin ella y la buscan con afán, como a una droga. Las redes sociales mal usadas son tremendamente nocivas. Los Ni-Ni no utilizan la Internet como fuente de consulta o como vía de aprendizaje de lo que no saben; no, sólo para comunicarse, a través de un lenguaje absurdo, con otras personas igualmente ociosas eternas u ociosas esporádicas. Y así, las veinticuatro horas del día.

3.- El asunto adquiere proporciones de Estado y más tarde o más temprano habrá que tomar medidas. ¿Limitar los accesos a la red para los jóvenes, lo mismo que se limita el consumo de alcohol o la compra de cigarrillos a menores? ¿Nos hemos equivocamos en la mayoría de edad y es preciso llevarla de nuevo a los 21 años, para que los padres puedan actuar? ¿Las leyes en vigor han restado autoridad a los padres y han concedido demasiadas alas a los jóvenes? Igual que a los maestros se les ha otorgado la condición de agentes de la autoridad en su tarea docente, para acabar con los abusos de los alumnos, a los padres no se les debería castigar con leyes que protegen al menor y al joven frente a la necesaria autoridad de los progenitores. Esta juventud chantajista y ociosa lo que necesita es lanzar un grito de auxilio para salvarse. Pero ni siquiera esto lo sabe hacer. En realidad, no quiere.

achaves@radioranilla.com

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