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EDITORIAL

¿Qué somos mientras no seamos libres?

30/jul/10 07:41
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En el editorial que publicamos en la última página del miércoles de esta semana nos hacíamos varias preguntas. Por ejemplo, nos cuestionábamos "¿qué y quiénes somos los canarios? Somos canarios, pero, ¿de dónde?; ¿de qué nación? ¿A quién pertenecemos? ¿Por qué pertenecemos a alguien y a quién? ¿Somos canarios, españoles, peninsulares, godos, ibéricos, europeos, africanos, atlánticos, ultraperiféricos, macaronésicos o qué? ¿Qué somos?".

En pleno siglo XXI, por increíble que parezca, los canarios seguimos preguntándonos qué somos. A esta lamentable situación nos han llevado primero los españoles y después los partidos estatalistas españoles; unos partidos que, a nuestro parecer, están cumpliendo su papel, por mucho que nos pese decirlo; nos referimos a que barren para España. El infortunio ocasionado por estas circunstancias no acaba ahí. Por desgracia para la provincia de Santa Cruz de Tenerife y de las dos islas e islotes que comprende la otra provincia, esos partidos estatalistas tienen su sede en Las Palmas y desde Las Palmas hacen y deshacen lo que más conviene a los intereses de los políticos y gobernantes canariones.

Repetimos hoy lo que hemos dicho un millón de veces: Las Palmas es la tercera isla en el conjunto del Archipiélago. Los políticos y dirigentes de Las Palmas -ojo con lo que escribimos: políticos y dirigentes- siempre han procurado arañar o arrebatarle lo que pueden a Tenerife, porque su intención última ha sido inexcusablemente la de responder a los falsos nombres que se han atribuido: el de Gran Canaria para una isla que no es grande ya que, como afirmamos -y lo hacemos porque es verdad, retando a cualquiera a que nos desmienta-, ocupa el tercer lugar entre todas en cuanto a extensión y el segundo respecto a población, y el de grancanarios para ellos mismos. Es decir, y esto también lo hemos repetido en innumerables ocasiones, no se contentan con ser canarios como todos los demás habitantes de esta tierra; necesitan ser grancanarios y mundiales del mundo mundial.

Frente a los partidos estatales o estatalistas PP y PSOE, están los nacionalistas. Un partido nacionalista debería luchar por la independencia de su tierra porque, ¿qué otra cosa es el nacionalismo sino aglutinar a una nación? Sin embargo, los nacionalistas de CC nos han salido ranas: sólo son nacionalistas para defender sus intereses personales. Como políticos, y hasta como gobernantes, se han humillado ante España y se han puesto a su servicio. Si alguien piensa que exageramos, o incluso que mentimos, que le pregunte a cualquiera de los dos representantes de CC presentes aún en el Congreso de los Diputados: Ana Oramas y José Luis Perestelo. Ambos, como otros muchos que se arropan cínicamente bajo las siglas de CC, no son nacionalistas sino oportunistas. Aprovechados que le están haciendo mucho más daño a su tierra que los partidos estatales, porque de los socialistas y populares todos sabemos lo que se puede esperar. En cambio, el pueblo confiaba mucho en los nacionalistas; en aquellos a los que les dio su voto con la esperanza de que pusieran en marcha el proceso conducente a conseguir la independencia de Canarias.

Lejos de perseguir este noble e irrenunciable objetivo de libertad, dignidad e identidad de los ciudadanos que optaron por ellos, los nacionalistas, y de forma especial sus representantes en Madrid, se han convertido en cómplices de los españoles y han contribuido, qué crimen político más grande, a arruinar a los suyos. Es decir, son tan responsables como los peninsulares de que muchísimas familias isleñas estén pasando hambre. Por eso, porque han traicionado a Canarias, tienen que desaparecer del panorama político.

El pueblo sigue narcotizado. Lo hemos dicho muchas veces, lo repetimos hoy y lo seguiremos haciendo en cuantas ocasiones resulte necesario. Narcotizado sí, pero no para siempre. Afortunadamente contamos con la juventud. Esa juventud a la que se refería José Rodríguez en nuestro editorial del miércoles. "La juventud preparada que quiere vivir independiente, con personalidad; es decir, con identidad, dignidad y sintiéndose súbdita de su nación". Una juventud -eso también lo manifestaba nuestro editor en el citado editorial- que hoy debe resignarse a "contemplar ese escenario político dantesco que seguimos padeciendo, aguantándolo, y ¡viva España!, que dijo el que se ocultó en el balcón de su domicilio. ¡Dios!, baja, ven y ve este espectáculo; acaba por tu amor infinito, acaba con toda esa perversidad que nos trae el hambre, hambre física".

De nuevo volvemos a preguntarnos qué somos y a quiénes tenemos que obedecer. ¿Por qué unos seres humanos que nacieron libres, y libres vivían, han de obedecer a quienes cometieron con ellos el primer gran genocidio sufrido por la humanidad? La libertad no sólo es un derecho de cualquier persona y de cualquier pueblo; es un deber. La vida carece de sentido sin la libertad porque la libertad es la vida misma. En consecuencia, mientras estemos sometidos al yugo de los españoles ni siquiera malvivimos: estamos muertos como pueblo. Lo repetimos: ¿por qué ha de tener amos la juventud canaria, si sus antepasados corrían libres sobre unas islas que entonces eran afortunadas y que los españoles han convertido en desgraciadas? Ah, pero de esta juventud emanarán los poderes que nos harán libres. Tengan eso muy en cuenta los amantes de la españolidad y los nacionalistas tibios. Unos y otros serán juzgados por el pueblo y caerá sobre ellos, y sobre sus familias, el estigma de la traición. Porque, ¿hay mayor traición a Canarias y a los canarios que negarse, por activa y por pasiva, a pedir la libertad de esta tierra oprimida?

Al igual que al poeta, la esperanza nos mantiene. Después de la sentencia sobre Kosovo, tenemos puestos nuestros ojos con más ahínco en la resolución 1.514 del Comité de Descolonización de los Pueblos de las Naciones Unidas, de forma especial porque avanza el año 2010 y el próximo 31 de diciembre concluye el plazo para que sean liberados todos los territorios que todavía permanecen ocupados por países extranjeros. En definitiva, será la ONU, serán los países del mundo, quienes deban realizar una labor liberalizadora que no han acometido nuestros políticos nacionalistas. Políticos "analfabéticos" y oportunistas. Es una vergüenza que sean otros quienes deban cumplir con una tarea que, no nos cansaremos de repetirlo, le corresponde a los políticos nacionalistas. No obstante, esa labor liberalizadora se llevará a cabo y Canarias será finalmente una tierra libre. Si no es hoy lo será mañana, pero nuestra tierra recuperará la libertad, la identidad y la dignidad que le fue robada a los guanches a sangre y fuego.

¿Por qué no somos una nación -volvemos a preguntarnos- reconocida mundialmente? ¿Por qué seguimos siendo una falsa comunidad autónoma de España? ¿Por qué seguimos dependiendo de un país que no quieren en Europa y no le hacen caso en el mundo? ¿Por qué tenemos que seguir sometidos al desprestigio de España?

Hemos hablado de los nacionalistas que hacen dejación de sus obligaciones. Siempre hemos dicho que salvamos a dos o tres, entre ellos al actual presidente del Gobierno de Canarias. Para nosotros Paulino Rivero es un patriota; es decir, un independentista que, debido a su cargo, no puede expresar abiertamente lo que piensa. No obstante, ahora nos asaltan las dudas. Pensamos que, al margen de esa responsabilidad que hemos mencionado, Paulino Rivero debe dar el paso al frente que no se han atrevido a dar, por miedo o por servilismo político, la señora Oramas y el señor Perestelo. Así lo expresa un lector de nuestro periódico en una carta que daremos a conocer en estos días. Tan sólo nos queda añadir al respecto, una vez más, que Paulino Rivero es, por su prestigio y su indubitada canariedad, la persona más adecuada para conducir a Canarias desde el colonialismo a la libertad. Y no al ralentí, sino acelerando para que no se pare el coche, para que no pierda Canarias y su gente.

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