EL PASADO 29 de junio se nos iba Domingo García Jorge. Más que nadie, Victoria y sus hijos, nietos y biznieto, que tanto le querían, así como sus amigos, que éramos muchos, lo hemos sentido en lo más profundo. ¡Su marcha nos ha roto el corazón! Tenía noventa años, era una referencia y un ejemplo para todos nosotros.
Me atrevo a afirmar que en la familia y amigos que le queremos y le hemos llorado, porque es humano llorar, "¡algo renace en el alma...!", ya que tenemos la certeza de la alegría de san Pedro, al abrirle en su día las puertas del Cielo, y del abrazo con que el Señor le acogió, que aquí tanto amó, ansió y confió; junto a la Virgen de Candelaria, de quien era muy devoto. Me imagino la cálida y humilde sonrisa de Domingo al subir con la garrafa de su mejor vino de Tacoronte. Del que tenía para sus amigos.
Hace años vi con Domingo un vídeo sobre la clausura de un congreso de universitarios en Roma presidido por Juan Pablo II. Al finalizar, una estudiante acompañada por una guitarra le cantó las sevillanas "El adiós", que tanto le gustaban a ese Papa; al acabar la canción, el Santo Padre dijo, un tanto emocionado: "Un amigo nunca se va, siempre nos espera... y ese pozo sin fondo siempre se puede llenar, con una oración, con un recuerdo". Recuerdo que Domingo, que había estado escuchando muy atento, cuando terminó el vídeo, me dijo: "¡Eso!".
¡Eso! Esa es nuestra esperanza: que un día volveremos a reencontrarnos con él. Y que desde allí nos eche una mano, como era su estilo, sin que se entere la otra. Era hombre de pocas palabras, las justas: muy sensible, sincero y muy trabajador; nunca le oí una queja o hablar mal de nadie. Si tuviera que resumir su perfil en pocas palabras: era un hombre de una pieza, como se decía antes. De recia y honda piedad: la contemplación de la naturaleza le llevaba a Dios sin ningún tipo de beaterias.
Vivió para su Victoria del alma, para sus hijos, para su trabajo? para sacar a la familia adelante y hacer de su casa "un hogar luminoso y alegre". Marido y padre ejemplar. A la vez que atendía su negocio, cuidaba sus fincas de plátanos, viñas, manzanas y naranjas. No se jubiló hasta los ochenta y tres años; aunque jubilado, jubilado yo nunca lo vi; exprimido sí. "Es lo que nos pide el Señor", le oí más de una vez. ¡Cómo amaba el campo, la agricultura y los árboles! Canario de pura cepa. Se escapó de la guerra porque tenía tres hermanos en el frente; pero del 39 hasta finales del 43 hizo la "mili" en el cuartel de Candelaria y todo el tiempo de "cabo de cocina". Toda una aventura en aquellos años.
Los que lo conocieron de joven dicen que era un tipo muy emprendedor, que trabajaba de sol a sol. Estudió algo de Bachillerato, y empezó vendiendo papas y abonos. Después, con sus hermanos, llegó a montar, al por mayor, los Almacenes García Jorge, de material de construcción, repartidos por toda la isla, logrando, entre los años 50 y 60, ser la primera firma de este sector en Canarias. En 1968, Domingo se independiza y continúa con su actividad en Tacoronte hasta 2003, contribuyendo desde casi el inicio en el desarrollo de la cooperativa Coarco. De todo esto me entero ahora, porque no le gustaba alardear de nada. Sus hobbies eran podar los frutales, ir a pescar -le relajaba- y jugar a la petanca.
En los últimos ocho meses andaba en silla de ruedas. El párkinson, el fuerte dolor de espalda, la pérdida de audición y otras molestias no le hicieron perder la calma y llevar el dolor con entereza y hasta con garbo. Nadie le oyó quejarse. Imposible definir la inefable y cómplice mirada entre Victoria y Domingo. ¡Con qué devoción asistían juntos, a diario, a la santa misa!, acompañados por alguno de sus hijos. Este era el secreto. No le vi perder su afable y cariñosa sonrisa, su interés por sus hijos y por los demás, por el mundo. Y de mantener su mirada de confianza, de admiración y de gratitud por la vida. Se fue como acostumbraba: sin molestar.
Victoria, Antonio-Ángeles, Ignacio-Mª del Carmen, Domingo Luis-Reyes y Begoña- Chomin. Un abrazo.
* Orientador familiar y profesor emérito del CEOFT
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