Ultreya
Ultreia, ultrella, ultreya, es una palabra muy antigua que proviene del latín "ultra" más "eia", que significa "más allá", y que la usan los peregrinos de Compostela cuando se encuentran para saludarse y animarse a lo largo del camino. Este año jubilar han sido muchos los que han hecho realidad ese camino personal y encuentro con el apóstol Santiago y la Ciudad Santa, bajo el lema "Peregrinando hacia la luz".
Para mí tiene un significado especial: así se llamaban unos encuentros semanales a los que asistía en 1984, que tenían lugar en la parroquia de Santo Domingo de Guzmán, de Santa Cruz de Tenerife, y que los organizaba el movimiento de evangelización cristiana de jóvenes, que se llama Hombres Nuevos. Cada semana hacíamos una lectura del Evangelio, se hacía una reflexión y se llevaba a la práctica durante la semana. Dábamos las gracias por la vida y cantábamos una alabanza. Esta era nuestra Ultreya: animarnos para ir más allá en el camino espiritual que Jesús nos enseñó, e intentar ser la luz y sal de nuestro mundo.
¡Ultreya! Hoy necesitamos ese saludo en cada encuentro con el otro, porque nuestra sociedad, economía, necesita de "un adelante"; todo se puede conseguir si se hace desde el esfuerzo conjunto y desde el cambio en lo esencial: el respeto por la diversidad, el sumo cuidado de nuestro planeta y la evolución espiritual del hombre. Donde el tú es tan importante como el yo. Donde las barreras no existan más que para administrar y cuidar cada uno su casa (país, comunidad, isla...) y su familia.
La Historia deja constancia de sabias palabras. En el momento de entrega del Premio Nobel de la Paz a la Madre Teresa de Calcuta por su gran labor humanitaria, se le preguntó: "¿Qué podemos hacer para promover la paz mundial?", y ella respondió: "Vete a casa y ama a tu familia". ¡Ultreya! para todos los lectores.
María García Bello
(Arico)
Zapatero y Montilla
Hemos asistido durante este mes a una visita de Estado en La Moncloa entre el presidente de España, señor Rodríguez Zapatero, y el presidente de la Generalidad catalana, señor Montilla, un catalán advenedizo, de esos que llaman charnegos, que es cordobés y hombre de bien. El primer ministro del Reino de España recibió en su residencia oficial al "honorable president" con todos los honores y siguiendo "ad pedem litterae" el protocolo que rige, desde tiempo inmemorial, en la recepción de los altos dignatarios extranjeros.
Fue, a mi entender, una aceptación "de facto" del concepto, discutido y discutible de "Catalunya es una nació" del preámbulo del Estatut. Venía en visita oficial el presidente de una nación extranjera y como a tal había que recibirlo. Y en el más puro y genuino estilo de la preceptiva diplomática en la visita monclovita acuerdan los dos mandatarios la devolución de la visita oficial del premier español al president catalán, como así se hizo en las siguientes semanas, siendo recibido Zapatero por el ilustre cordobés -hombre de bien- en el sin par Palau de la Generalitat con el mismo despliegue protocolario del boato de las recepciones oficiales.
Y no es lo malo, con ser importante, este desmadre protocolario. El busilis está en lo tratado en estas formales reuniones bilaterales: por un lado el presidente de España, castellano-leonés. Y del otro lado, el presidente de los "Paissos Catalans", un catalán andalusí. El "castellano leal" tenía que empezar por desenvainar su espada y decir bien alto: "Aquí, por encima de todo, lo primero es la Constitución. Y el Estado de Derecho. Y las instituciones de ese Estado". Pero los dos interfectos, protagonistas de nuestra historia parece que están de acuerdo en cargarse el Tribunal y hacer que su sentencia quede como un papel mojado, sin valor alguno. Eso lo arregla ZP en un periquete.
Eleuterio Alegría Mellado
(Sevilla)
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