ME SIGUE interesando, en estos días en que la tensión se agudiza entre Venezuela y Colombia, lo que ocurre entre las dos queridas naciones tan vinculadas a Canarias, más la primera que la segunda, aunque el ministro de Exteriores del Gobierno de Caracas, don Nicolás Maduro, parece que hace todo lo posible por suavizar las diferencias e, incluso, el mismo presidente Hugo Chávez admite que un expresado deseo de arreglo por parte de Bogotá podría dar lugar a un acercamiento después de la ruptura de relaciones diplomáticas.
Ahora es la Organización de Estados Americanos (OEA) la que pide cooperación de todos los países de Suramérica para que intervengan en el arreglo. La ONU cita al embajador venezolano y el ministro Maduro inicia un recorrido por las naciones del continente mientras Cuba, como era de esperar, echa más leña al fuego al aprobar y proclamar, abiertamente y contra los deseos de todos los demás países americanos, "el derecho de Hugo Chávez a defenderse del imperialismo norteamericano". Es una manera como otra de sembrar en el continente todo lo contrario a lo que se entiende por paz y entendimiento mutuo.
El secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, pide cooperación y soluciones a la crisis ante las negativas circunstancias y pone sus esperanzas en que los diálogos en la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), el jueves de esta semana, tengan éxito. Por otra parte, el ministro de Exteriores venezolano, Nicolás Maduro, anda por Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay, Chile, Perú y Bolivia para lograr que en un cónclave se llegue a un entendimiento.
Parece que el presidente Chávez también contactó con sus colegas de Brasil y Argentina mientras el embajador venezolano en la ONU actúa, por su parte, en las mismas gestiones para lograr la pacificación del conflicto. Mientras, Cuba, repito, sigue instando a Chávez a proseguir en sus iniciales propósitos.
Al mismo tiempo, el vicepresidente recién nombrado de Colombia, Argelino Garzón, elogió a Chávez por haber pedido éste a las FARC que reconsideren su estrategia armada, lo cual parece ser una advertencia en orden a que las guerrillas colombianas cambien de táctica y hasta algunos interpretan que puede ser una invitación a que los rebeldes colombianos cesen en sus acciones bélicas. Si fuera así, se puede esperar una reacción favorable del presidente venezolano ante la situación y la actividad de la guerrilla, que no explicaría la acusación de Colombia ante la OEA de que Venezuela daba asilo y apoyo en su territorio a las FARC. Esperemos que se confirme la posible nueva postura de Hugo Chávez en este complejo y grave asunto.
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