Santa Cruz de Tenerife
JUAN GARCÍA

Quo usque tandem abutere, Mohamed, patientia nostra?

7/jul/10 7:48 AM
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HACE UNOS MESES, el gobierno autoritario de la monarquía alauita expulsó de Marruecos al ciudadano español Francisco Patón, de 60 años de edad y gerente de una empresa de energía eléctrica fotovoltaica en Rabat, bajo la acusación de "proselitismo" sin que sirviera de nada el recurso de apelación presentado en mayo.

Algo semejante había intentado el autócrata marroquí con varios ciudadanos norteamericanos, y digo intentado porque las gestiones realizadas por el gobierno de ese país han logrado lo que no se consiguió en el caso español: detener el proceso de expulsión.

Nuestra conciencia, la de los ciudadanos comunes y corrientes que poblamos las Islas Canarias se ha visto ahora de nuevo sacudida por la noticia de otra expulsión, esta vez del territorio del Sáhara Occidental, territorio ocupado por la fuerza y cuyas riquezas naturales esquilma Marruecos con el visto bueno de muchos gobiernos europeos, entre los cuales hay que incluir asombrosamente al español.

Se trata de una ciudadana española, Sara Domene, barcelonesa de 31 años que impartía clases de español por cuenta de una ONG y con el apoyo de la Iglesia Evangélica de Sant Boi del Llobregat.

De nuevo se incide sobre personas practicantes de la religión cristiana en su modalidad "evangélica" y de nuevo la acusación es de proselitismo, lo cual el régimen marroquí -ese que reprime en su propio territorio a los saharauis que aún esperan que se apliquen las resoluciones de la ONU y se realice el referéndum de autodeterminación que les permita recobrar su independencia y soberanía- considera un grave delito siempre jaleado por los extremistas e integristas autodenominados "ulemas", que aún siguen anclados en la baja Edad Media y no han oído al parecer hablar de la Declaración de los Derechos Humanos, de la separación de la Iglesia y el Estado o de la libertad de culto religioso.

Parece que el Mahzen y la inmensa mayoría de las fuerzas políticas marroquíes están dispuestas a seguir manteniendo a su pueblo, y al pueblo invadido y oprimido del Sahara Occidental, bajo esa férrea bota que se apoya por un lado en una policía y un ejército brutalizado y genocida y por el otro en la aplicación de la Sharia medievalizante con sus huestes de imanes, sus cohortes de ulemas y demás vividores al calor del Comendador de los Creyentes.

Alguien debería pararle los pies al hijo de aquel Hassan II de los años de plomo y la Marcha Verde. Parece que, como Israel, solamente es sensible a los encantos y amenazas del Gobierno norteamericano y de las sutilezas económicas y militares del protector francés. La UE, con el beneplácito del Gobierno español y de la oposición del PP, a juzgar por los amores del vicepresidente canario, Soria, y del diputado "socialista" Segura Clavell en sus tiempos de delegado del Gobierno, para con las inversiones de capital canario en tierras del Sáhara ocupado, sigue sin cuestionar para nada el continuado desprecio a la legalidad internacional y la falta de respeto a los derechos de los legítimos propietarios de esos territorios neocolonizados por ese vecino belicoso y agresivo al que premia con acuerdos preferenciales, incluso con evidente perjuicio de las producciones agrícolas canarias y del sureste peninsular.

Lo lógico en casos como estos sería la reciprocidad en las medidas, y por cada persona española expulsada de Marruecos (y lo mismo por cada ciudadano europeo) se enviasen dos docenas de funcionarios marroquíes fuera del país y tres docenas si la expulsión se realizara desde tierras que no son marroquíes, como ocurre en el caso del Sáhara, donde su soberanía no es reconocida por las Naciones Unidas por mucha banderola que desplieguen como propaganda.

Parece que los sistemas políticos autoritarios y reaccionarios de los países de mayoría musulmana aliados de Occidente, como Marruecos, Egipto, Arabia Saudí, Indonesia, Pakistán y otros, sólo entienden el lenguaje de la fuerza y la aplicación de la ley del embudo siempre que les toque a ellos la parte ancha. Algo deben obtener las clases políticas y los hombres y mujeres de negocios y grandes empresas para ser tan tolerantes en materia de reciprocidad con esa panda de impresentables intolerantes que no sólo mantienen a sus pueblos sojuzgados y malviviendo en la pobreza y la ignorancia, sino que pretenden exportar sus inaceptables relaciones sociales en forma de mano de obra barata y poco cualificada para ser explotada por gentes sin escrúpulos en el primer mundo y convertida en fuente de ingresos en divisas por medio de las remesas a las familias que dejaron atrás.

¿Cuándo habrá un portavoz europeo que le cante a esos impresentables las verdades del barquero y les devuelva ciento por una todas sus impertinencias, que les corte el flujo de remesas y las ventajas comerciales hasta que cumplan con las leyes internacionales, que no tolere su "proselitismo" hasta que esos regímenes caducos no ofrezcan claras contrapartidas?

Parece que preguntar cuándo habrá un gobierno español que ponga coto a los desmanes del rey de Marruecos y su corte será respondido con el "auuu?" de aquel Hermano Lobo que antaño arrancaba nuestras sonrisas, pero que conste que la paciencia la perdimos desde que la derecha franquista, que algunos aún añoran, firmó el Acuerdo Tripartito de la gran vergüenza entregando a ciudadanos con DNI español a las garras de la fiera que aún ruge y patalea a pocos kilómetros de Fuerteventura y Lanzarote.