Santa Cruz de Tenerife

Las heridas del Serrador

La oxidación de elementos metálicos introducidos en las losetas de piedra del puente ha provocado que éstas se rompan desde su interior, lo que ha dado lugar a grietas y desprendimientos, que se agravan por la erosión.
TACHI IZQUIERDO, Tenerife
28/jun/10 7:42 AM
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Punto esencial de conexión entre las dos ciudades que divide en la zona baja de Santa Cruz el barranco de Santos, el puente Serrador empieza a exteriorizar las consecuencias del paso del tiempo y la erosión tras seis años desde su última rehabilitación.

A ojos de los atentos transeúntes de este frecuentado lugar de paso, se pueden apreciar muchos daños que no son fortuitos, y que tienen una influencia muy directa en una acción del hombre que demuestra poca conciencia y desconocimiento del lugar donde se ha actuado.

El especialista en arte Carlos Leocadio González López, gran conocedor de los trabajos en piedra en nuestra isla, advierte de los daños que presenta parte de esta estructura, sobre todo en su tramo más próximo a la conexión con la calle Miraflores.

González López advierte de la multitud de grietas que presentan muchas de las losetas de piedra, la mayoría de ellas favorecidas por determinadas acciones que han consistido en la introducción de clavos metálicos que se han ido oxidando con el paso del tiempo, "con lo que la piedra se ha ido resquebrajando desde su interior".

Además, este especialista llama la atención sobre el grado de deterioro que presentan otras partes de la estructura, que considera que no han tenido un mantenimiento adecuado frente a la acción de la erosión natural que se origina por motivo de la lluvia y el viento, y la relativa cercanía del puente a la costa, donde el salitre ejerce su acción corrosiva.

La terminación de esta obra se remonta al año 1943, ejecutada por encargo del Mando Económico, en la época en la que el capitán general de Canarias era Ricardo Serrador Santes, aunque su conclusión fue con el general Francisco García Escámez al frente del cargo.

La última rehabilitación, del año 2004, y en la que se invirtió algo más de 1,7 millones de euros, se acometió por la aparición de algunas grietas, pero las prisas por su reinauguración provocaron que a escasos días del acto oficial de apertura aparecieran humedades debido a que no se dio tiempo al secado de la obra.

Ahora, por el estado que presenta en buena parte de su recorrido, los expertos en este tipo de materiales lo que reclaman es un mantenimiento periódico para evitar un desgaste tan acelerado.