MUCHAS veces Paulino Rivero es una incógnita para nosotros. Sabemos que es un político independentista porque es un canario auténtico, y todos los canarios aspiran a recuperar la libertad que tenían sus antepasados los guanches. Sólo unos pocos isleños, tan pocos que se pueden contar con los dedos de una mano, renuncian a este preciado bien y se contentan con seguir siendo esclavos de los españoles. Sin embargo, Paulino Rivero no puede hablar abiertamente de los sentimientos de libertad que alberga en su corazón, porque tiene un cargo público que ejercer y unas ovejas que apacentar.
Ha hablado Paulino Rivero de España en su discurso del Día de Canarias. Manifestó que ha fallado la economía y no la España de las autonomías. Al mismo tiempo, ha advertido que en el actual proceso de racionalización económica se podrían dar pasos atrás en el Estado de las autonomías. Según el presidente del Gobierno de Canarias, no debemos permitir que las dificultades presupuestarias desgasten el prestigio que las comunidades se han ganado a pulso. Considera por otra parte el señor Rivero que no se debe recortar el Estado del bienestar, sino sanearlo. Nosotros nos preguntamos cómo puede importarle a Paulino Rivero, la autoridad más importante de este Archipiélago mal llamado comunidad autónoma española, la política de España cuando España es un país europeo y nosotros estamos en otro continente. La única razón es la ya aludida responsabilidad en virtud de su cargo.
Sabemos que, por fin, algo se mueve en Coalición Canaria, hasta ahora refugio de muchos vividores políticos, pendientes sólo de su bolsillo y, lo que es peor, acérrimos amantes de la españolidad. Qué vergüenza, qué ignominia, que pese a esto se llamen nacionalistas. Y como ejemplo de que algo se mueve, ahí tenemos la denominada Corriente de opinión Secundino Delgado, que el domingo publicó un artículo titulado "Hoy no es el Día de Canarias". De él extractamos en este editorial, en este fondo de nuestro pensamiento, un párrafo que consideramos de suma importancia: "Creemos que el marco constitucional del Estado español permite mayores niveles de autogobierno. La I República consideraba a las Islas como un Estado dentro de la organización del Estado español. La Constitución española nos define como una nacionalidad. Los textos legales son, en todo caso, convenciones políticas propias de un tiempo y un lugar. Cambian con los tiempos y con las voluntades. La acción política consiste en propiciar, sin actuaciones traumáticas, cambios paulatinos de las leyes que se adapten a la voluntad soberana de los pueblos. Pero el primer paso para Canarias es recuperar su propia identidad como pueblo, que, llevado al terreno de la vida real, consiste en eliminar nuestra patológica dependencia exterior. Este es un territorio rico en posibilidades, capaz de crear riqueza para sus habitantes y sobradamente preparado para explotar sus múltiples capacidades económicas. El auténtico Día de Canarias será aquel en el que este pueblo afronte de forma clara el hecho de que no puede continuar su historia convertido en un apéndice de un continente que ni nos entiende ni nos atiende, ni nos ofrece otro destino que, en el mejor de los casos, ser tratados como ciudadanos especiales en una especie de políticas asistenciales territoriales para los más débiles. No somos débiles, sino todo lo contrario. Somos un pueblo que aún no ha empezado a explotar sus muchas posibilidades y que necesita despertar a esa realidad de una vez por todas". Amén, añadimos por nuestra parte.
Resulta indudable que dentro del nacionalismo canario, y lo decimos con suavidad porque no creemos que haya nacionalismo canario, o al menos no actúan como nacionalistas muchos miembros de Coalición Canaria, hay tres fuerzas que bregan sin descanso para que estas Islas tengan, cuanto antes, un Estado propio. Las tres están obligadas a "ocultarse" y a disimular por razón de los cargos que ostentan quienes las encabezan, pues están a la orden del día las denuncias interpuestas por socialistas denunciadores, por ecologistas vergonzosamente al servicio de la tercera isla -aquella cuyos dirigentes políticos no quieren la independencia para seguir disfrutando de las míseras prebendas que les concede la Metrópoli a cambio de sus traidores servicios- y hasta por "hombres de la cultura" -otra cosa no se ha visto- que se refugian en una institución muy querida por nosotros a la que, sin embargo, han corrompido con su presencia. Hablamos de tres canarios muy válidos: Hilario Rodríguez, Miguel Zerolo y Paulino Rivero. Los tres, lo repetimos, ocupan cargos de responsabilidad y han de ser prudentes, pero su ideario es indudablemente independentista.
Algún día, tanto ellos como otros canarios auténticos -los que nunca han estado narcotizados por los españoles y los que, felizmente, han despertado de su sopor- podrán expresar lo que sienten con libertad y sin temor. Decimos esto porque no creemos que la ONU desampare a Canarias. No creemos que la ONU se deje engañar por la diplomacia española respecto a que somos una comunidad autónoma. Mentira cochina. Lo somos porque lo dice un papel. A ver quién manda en Canarias, si cualquier ministro y cualquier chisgarabís político peninsular tiene más mando que el presidente de la comunidad autónoma. Por eso la ONU está obligada a ponernos en el catálogo de países que deben ser descolonizados antes de que concluya este año, así como exigir el inicio de conversaciones para el traspaso de poderes de la Metrópoli a un Gobierno provisional canario. Canarias es el ejemplo más claro de una colonia que está siendo sometida, sojuzgada por una nación extranjera. Lo mismo ocurre con Gran Bretaña y Francia; ambos países conservan residuos coloniales allende los mares o en ultramar: Reunión, Martinica, Guayana, las Malvinas, etcétera.
Siempre hemos abogado por Paulino, debido al cargo que ostenta, para iniciar las conversaciones conducentes a nuestra libertad, pero gente con manos limpias tenemos a porrillo. Y no vamos a decir sus nombres para no crear suspicacias. En cualquier caso, la ONU no nos abandonará. Si practicamos el pacifismo y lo hacemos de corazón. Pero si no se nos escucha, si se nos obliga a seguir dominados por otra nación y por otros seres -algo inconcebible visto desde el Cielo, porque la libertad es un don divino- la solución está en la resistencia pasiva, como están haciendo muchos funcionarios que se dan de baja por enfermedades fingidas. Hablamos en metáfora. Resistencia pasiva hasta que todos estemos en la cárcel, para no nutrir las arcas que roban nuestros recursos y para que desaparezcan las colas antes los comedores sociales. Con independencia no habrá en Canarias un hogar sin lumbre y una mesa sin pan, expresión esta última que llevó a la práctica realidad el general Franco. Otra vez si citamos al caudillo lo es porque comparado con esta gente es un querubín. Hoy se pierden los hogares porque no hay lumbre ni pan.
Acabamos con un acto celebrado el pasado domingo. La recreación en La Matanza de la batalla de Acentejo contra los conquistadores. Como bien señala Álvaro Morera, miembro de la Comisión para la Unidad y la Descolonización de Canarias, "estamos ante un proceso de descolonización imparable que contará con el apoyo del Comité de las Naciones Unidas para la descolonización de los pueblos. Sin embargo, hay dos partes representadas por las potencias colonizadoras Francia y España, por un lado, y por otro los pueblos que aspiran a ejercer su soberanía, como es el caso de Canarias, que está planteando una batalla pacífica por la descolonización y la independencia". Totalmente de acuerdo. También señala Álvaro Morera "se trata de un proceso que se ha de regir por un calendario, como se ha hecho en todas las descolonizaciones. Tratamos que esta descolonización no se convierta en una neocolonización que nos lleve a una dependencia como ha ocurrido en otras naciones. Queremos que las personas que accedan a regir los destinos del país sean honradas y competentes, que es lo fundamental". En definitiva, lo que siempre hemos dicho: una nueva política a cargo de nuevos políticos; de hombres y mujeres con las manos limpias.
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