M. GÓMEZ, La Guancha
"No podemos estar en pleno siglo XXI con la escuela del XIX". Begoña Fariña, directora del colegio Plus Ultra de La Guancha, repite con frecuencia esta frase para explicar la necesidad de que el sistema educativo se incorpore cuanto antes a la revolución tecnológica de la que, en muchos casos, los propios niños ya disfrutan en sus casas. Y puede estar satisfecha, porque su centro ya lo ha hecho.
El colegio Plus Ultra es uno de los dos de las Islas -el otro es el CEIP José Pérez y Pérez de Las Palmas de Gran Canaria- elegidos para adelantarse a la medida, anunciada en mayo del pasado año por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, de dotar con ordenadores portátiles a los alumnos de quinto curso de Primaria.
Los 54 estudiantes de quinto del colegio guanchero disponen desde enero de estos ordenadores y también trabajan con pizarra digital. Para acceder a estos recursos ya no tienen que ir al aula de informática: los tienen en clase y los utilizan en todas las asignaturas.
El cambio que ha provocado esta medida es lento, pero evidente, constata la directora. Esa lentitud se debe, en parte, a que no todos los profesores parten con los mismos conocimientos. "Al principio había algo de miedo", admite Fariña. Para corregir este desfase se ha proporcionado formación a los docentes que, además, cuentan con una plataforma digital para compartir experiencias y dudas.
No obstante, esta lentitud no es interpretada como un problema por los responsables del centro. Luis Mariano, coordinador del proyecto en el colegio, advierte: "La velocidad no conduce a nada. Hay que tener los pies en el suelo. El que el profesorado asignado no estuviera formado previamente ha permitido detectar mejor los fallos".
Pese a todo, el cambio se deja notar. Afecta a la forma de trabajar y enseñar en el aula -menos tradicional y más participativa, apunta Mariano- y también a la mentalidad de docentes y alumnos. Clic Escuela 2.0 -denominación que adopta el proyecto en Canarias- no se limita a los recursos técnicos. Éstos "por sí solos no valen nada", según Manuel Prieto, técnico de la Consejería de Educación responsable del proyecto. "Se trata de reconducir todos los procesos de aprendizaje y de tener claro que nadie lo sabe todo, pero que entre todos podemos saberlo", detalla.
El reto es que el enseñante emplee las mismas estrategias y herramientas que sus pupilos. "No puede ser que el niño tenga un ordenador en casa y el profesor trabaje todavía con pizarra y tiza", dice Luis Mariano. El libro de texto -que en algún momento llegó a crear dependencia- se convierte ahora en un elemento más, y el aula se convierte -en una gráfica expresión de la directora del centro- en "una ventana abierta al mundo. Ya no hay paredes".
¿Y cómo han recibido esta medida sus principales destinatarios, los alumnos? Sólo hay que acercarse a una de las aulas de quinto para comprobarlo. Reina un ambiente de desacostumbrada tranquilidad y silencio para lo que es habitual en niños de diez años. "Favorece la autonomía. Las actividades los sumergen en una atmósfera y los alumnos se meten en sus papeles", observa Begoña Fariña.
Cuando se pregunta a los estudiantes sólo encuentran ventajas. "Me gusta mucho porque hacemos actividades muy divertidas", dice una. "No me duele la mano al escribir", añade otra, mientras que todos coinciden en que esperan mejorar sus notas con esta nueva herramienta.
Su profesor, Óliver Martín, es de los que ya estaban preparados para esta novedad. "Para mí es algo normal, natural. Si fuera a un colegio que no tuviera esto, estaría un poco perdido", confiesa.
Pronto todos los docentes deberán ser como él, profesores del siglo XXI para una escuela del siglo XXI, porque este proceso no va a detenerse. El Plus Ultra de La Guancha ya es una referencia de por dónde habrá que ir para que se desarrolle con éxito.
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