SON días de ilusión en el entorno del Real Valladolid. Su equipo estaba casi desahuciado, con mal ambiente en el vestuario y plano de juego hace sólo una semana y de repente se ha enganchado a la lucha por la permanencia. Tiene 23 puntos, los mismos que el Tenerife, el gol average casi perdido con el equipo de Oltra y dentro de tres jornadas visitará el Heliodoro, pero aquí vemos al Tenerife descendido y en Valladolid están seguros de que van a salir de abajo. El equipo de Onésimo llevaba 11 jornadas sin ganar. Sólo había sumado ¡3 puntos de 33! En Riazor consiguieron su primer triunfo de 2010. Pero en Pucela están ilusionados...
La marcha del Tenerife nos está metiendo en una espiral de conductas bipolares. Euforia tras el 4-1 al Espanyol; derrotismo con el 2-1 de Xerez. No hay un término medio, el que debería derivarse de una lectura realista de la situación: el Tenerife es uno de los peores de la competición, pero está agarrado a "su Liga", la de los más cortos, la de los que fallan más de lo que aciertan, la de los que pierden más de lo que ganan, la de los que tienen más problemas que soluciones. Pero es que ése es su estatus, al menos de momento. No veo ninguna razón para tirarse del barco después de cada mal resultado. Es como si nos avergonzara ser pobres y vivir como tal.
Para salvarse del descenso hay que asumirse y aceptarse a sí mismo. Metidos en el fango hasta las rodillas, hay que dar cada paso como se pueda. Mañana, contra el Villarreal, es el siguiente. Y si el Tenerife es capaz de sacar adelante el partido y alcanza los 26 puntos, ya veremos dónde está antes de la visita a Málaga. Valen lo mismo los puntos de Xerez que los de Málaga o los de Gijón. Quedan 33 por ventilar, 15 de ellos en el Heliodoro y el descenso está en un partido de diferencia. Díganme una sola razón para no creer.
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