Washington, EFE El Senado de Estados Unidos inició hoy un debate de 20 horas sobre el paquete de enmiendas que completa la ley de reforma sanitaria promulgada por el presidente Barack Obama, y que promete un prolongado y caótico desenlace al proceso.
La reforma sanitaria se convirtió en ley hoy, pero el paquete en cuestión contiene un conjunto de "correcciones" a la reforma aprobado la noche del domingo por la Cámara de Representantes, con 219 votos a favor y 212 en contra.
Estas modificaciones fueron prometidas a los demócratas que desde el principio se mostraron renuentes a aprobar la versión de la reforma que aprobó el Senado el pasado 24 de diciembre.
La cámara alta votará el paquete de enmiendas mediante un proceso de "reconciliación" que sólo requiere una mayoría simple, 51 votos, y no los 60 que normalmente se necesitan.
Eso quita la posibilidad de que los republicanos, que suman 41 en el Senado, puedan bloquear su votación final.
Pero si el paquete sufre algún cambio, a su vez a través de enmiendas, éste tendrá que ser sometido a otra votación en la Cámara de Representantes. Sólo entonces lo podrá promulgar Obama.
En el pleno de la cámara alta, los demócratas y los republicanos volvieron a intercambiar hoy ataques sobre la transparencia del proceso.
Los republicanos, como bloque, se quejan de que los demócratas "compraron votos" con "tratos especiales" para algunos estados, y que la oposición fue excluida de las negociaciones. Por ello, han prometido luchar hasta el final para revocar la reforma en los tribunales.
El senador y ex candidato presidencial republicano John McCain presentó una enmienda para "eliminar los edulcorantes que quedaron incluidos" en el plan aprobado en la Cámara de Representantes y que, a su juicio, no tienen nada que ver con la "reforma" del sistema sanitario.
"Estos tratos se hicieron sin la presencia de cámaras y a puerta cerrada. (...) No se permitieron u ofrecieron para el resto de los estados", explicó McCain.
Su enmienda, precisó, busca eliminar los fondos adicionales dentro del programa de Medicaid para ciertos hospitales en Hawai y Tennessee, los destinados para hospitales en Michigan, y 100 millones de dólares extra para construir un hospital en Connecticut, entre otros elementos.
El senador republicano de Oklahoma, Tom Coburn, prevé presentar diez enmiendas.
En una aparente guerra de desgaste, los republicanos, desde la minoría, tienen derecho a presentar enmiendas y que éstas sean votadas a lo largo de la semana.
El senador republicano Jon Kyl, a cargo de mantener la disciplina de su bancada, dijo que no han decidido cuántas enmiendas presentarán, pero que ya tienen unas cuantas listas para destacar "las deficiencias" de la reforma "y que los demócratas deben corregir".
Eso, según fuentes demócratas legislativas, no es más que una táctica dilatoria de la oposición.
El parlamentario del Senado, Alan Frumin, es una figura muy respetada por su imparcialidad y es quien tendrá que decidir sobre la admisibilidad de las enmiendas.
Aun así, el número de enmiendas y sus votaciones sólo prometen que el proceso legislativo será prolongado y caótico, y la votación final del plan en cuestión podría demorarse hasta el fin de semana, según fuentes legislativas.
Los demócratas, por su parte, defendieron el alcance de la reforma de salud e instaron a los republicanos a que superen el "rencor y la amargura" y no intenten obstruir el plan de enmiendas.
Los republicanos insisten en que esta reforma es una costosa injerencia del Gobierno que aumentará los impuestos y el déficit y recortará los beneficios del programa Medicare, para gente de la tercera edad.
Pocos minutos después de su promulgación, 14 fiscales generales entablaron una demanda en Florida en contra el Gobierno para bloquearla, alegando que es inconstitucional.
La Casa Blanca asegura que, según su equipo legal, estas demandas no tienen ninguna posibilidad de prosperar en las cortes.
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