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EL DÍA, El Sauzal
Nicolás Canino Pérez, nacido en octubre de 1933, es el guardián desde hace treinta años de la tradición de la Bajada del Arco, en las fiestas patronales de El Sauzal. De familia de cesteros, Canino se encarga desde finales de los años 70 del siglo XX de elaborar con sus manos el arco de casi dos metros de altura y con forma de corazón que protagoniza uno de los momentos más esperados de los festejos de San Pedro. El momento en que los jóvenes intentan trepar al arco colgado de una cuerda a más de cuatro metros de altura para tratar de conseguir el elemento más preciado: las grandes tortas de harina que se ubican en la parte central. Frutas, hortalizas y panes completan la decoración de un elemento emparentado con los célebres Corazones de Tejina.
A sus 76 años, este vecino de la calle Herrera, cerca de la ermita de San Nicolás, continúa desarrollando una labor que inició desde muy joven en su barrio. Allí dio forma a los primeros arcos que se utilizaban en las fiestas de San Nicolás.
Cuando Nicolás Canino ingresa en la plantilla del Ayuntamiento de El Sauzal, como peón de albañil, se le encomienda que continúe con los trabajos de elaboración y construcción del arco para las Fiestas de San Pedro, que hasta entonces realizaba Juan Manuel Martín Díaz. Desde finales de los años 70 realiza el mismo ritual cada año para que todo esté listo el día 29 de junio.
Día de las Tradiciones
La Bajada del Arco es un acontecimiento propio y único del municipio de El Sauzal, que en los últimos años se enmarca en el Día de las Tradiciones. Los jóvenes intentan alcanzar los manjares del arco, mientras un grupo de vecinos tira de una soga con polea que soporta y balancea el arco, procurando que los participantes no alcancen los víveres exhibidos.
El momento álgido del juego acontece cuando los jóvenes, con enérgicos saltos, logran colgarse del arco, en una maniobra no exenta de riesgo, y lanzan sus ingredientes comestibles a los vecinos presentes.
El acontecimiento finaliza cuando el arco cae al suelo y todos los jóvenes se disputan los elementos que lo componen. El día anterior a su exposición en la plaza de San Pedro, el arco se coloca en la base de la torre de piedra del templo donde los vecinos lo decoran para que al día siguiente haya mucho por lo que competir.
Canino destaca la importancia de los elementos básicos que componen el arco: cinco palos de aceviño de unos cinco centímetros de diámetro, dos varas más pequeñas de "afollado" y buen número de pequeñas varas de caña, que luego se unen junto a los palos, con el hilo de la anea. Con todo este material, Nicolás Canino construye y empata en el taller de su casa la estructura del arco.
Este proceso de creación no se deja para las fechas más próximas a junio, sino que comienza en el año anterior. El tronco de aceviño debe cortarse, "como mínimo", seis meses antes de las fiestas y "en luna menguante", un requisito que se cumple entre los meses de noviembre y diciembre del año anterior a cada edición de las fiestas. Canino considera que este paso es fundamental para que la madera se seque adecuadamente y la estructura consiga la fortaleza y seguridad necesaria.
Estructura duradera
Si la madera es buena y se obtiene en el momento adecuado, la estructura del arco podría durar entre siete y ocho años.
En una primera parte del proceso, el arco adquiere una definida forma triangular de casi dos metros de altura, pero el acabado redondeado de los bordes le da la apariencia final de corazón.
Un detalle importante, a juicio de Canino, es dejar adaptadas las tres terminaciones de la parte superior del arco para colocar las banderillas correspondientes a las enseñas de Tenerife, Canarias y España.
Cuando cada año, los jóvenes trepan al Arco de San Pedro en busca del reconocimiento popular y las anheladas tortas, Nicolás Canino, el hombre del arco, obtiene la mayor recompensa por su trabajo callado y constante.
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