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Colección Guanches Cuadro Nº5

"Guanche en la cueva". Óleo sobre Lienzo 130 x 90cm
21/mar/10 07:55
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Edición impresa .

DICEN QUE MURIÓ LA RAZA / Y NUNCA FUE RAZA MUERTA. El poema "La Tierra y la Raza" del abogado y escritor tinerfeño Ramón Gil-Roldán, que luego versionaran los laguneros Sabandeños en "La Cantata del Mencey Loco", una de sus obras más exitosas, contiene una idea que sigue vigente en la sociedad canaria actual.

A pesar de los siglos transcurridos y del hecho desgraciado de que apenas nos queden vestigios de la lengua aborigen, lo cierto es que todo lo guanche sigue presente no sólo en nuestro imaginario sino en nuestra vida cotidiana.

Está presente en el gofio y en el gánigo y en Aguere. Está vivo en Tegueste y Tacoronte, en Güímar y Adeje, sigue latente en el tajaraste y en el bucio y en el beñesmer que cada año celebra la fiesta de la cosecha justo en el centro del año. Y pervive en la Punta del Hidalgo Pobre, llamada así por Zebensui, hijo de Aguahuco, ilegítimo del mencey Gran Tinerfe.

Este guanche que vemos en la cueva, en actitud reflexiva, concentrada, puede ser nuestro lagunero Zebensui, que tuvo como único patrimonio este pequeño pedazo de tierra al nordeste de la isla y su arrojo e ímpetu, que según cuentan las crónicas, no fue poco.

Narra Viera y Clavijo en sus "Noticias de la Historia General de las Islas de Canaria" que el vecino Bencomo de Taoro fue requerido por sus pastores que se quejaban -por envidia- de que el hidalgo pobre robaba sus ganados. Así que se aprestó a visitarlo en su humilde cueva para amonestarlo por su osadía. Zebensui le ofreció lo mejor que tenía, uno de sus cabritos, que Bencomo rechazó diciéndole "dame gofio y agua, y éste será para mi el banquete más delicioso".

Raza que acabó en la historia / va a vivir en la leyenda.

La leyenda y la historia, que ya son una, sitúan a nuestro noble antepasado, humilde y desprovisto de ornato, en la cueva. La cueva como resguardo y techo. Como abrigo. La cueva-matriz en la que se perpetuaba la especie y se protegía la familia. La cueva en la que recibió una valiosa lección de su pariente, la de respetar el sustento ajeno y contentarse con que lo que la naturaleza le daba para sobrevivir.

Este guanche que nos contempla desde su siglo vive aún en nosotros.

Texto de Fernando Clavijo Batlle

Alcalde de San Cristóbal

de La Laguna

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