Desesperado el sistema por la falta de recaudación, se ha lanzado a la calle una legión de inspectores y subinspectores de Hacienda, de Trabajo, de Comercio, de Turismo, de todo, con el fin de acogotar todavía más a las empresas en apuros. Son implacables.
Nos contaba un empresario cómo irrumpieron en su oficina tres subinspectoras de Hacienda pidiéndole de malos modos una tonelada de papeles. Le han embargado su coche y su casa. Este hombre, inmigrante, nos ha comentado: "Vuelvo a América; no puedo más. He hecho lo que he podido por salir a flote pero las fuerzas me fallan; me voy, de nuevo, a buscar fortuna a ver si un día puedo pagar lo que he perdido aquí". Les aseguramos que el monólogo es auténtico.
Medio país tiene las cuentas rastreadas por Hacienda a la búsqueda de un euro. El otro día, en un modesto negocio de Santa Cruz apareció una inspectora de Trabajo en busca de empleados ilegales. La dueña tenía con ella a una hermana que le estaba ayudando porque le había fallado una empleada. La que se armó: le pidieron de todo: que se identificara, le dijeron que le iba a caer encima una multa millonaria. La chica, asustada, va a cerrar el negocio. No volverá a ser empresaria nunca más.
El Gobierno ha puesto en práctica 102 medidas económicas para paliar la crisis. Ni una sola ha dado resultado. Todavía no se ha puesto en marcha el nuevo ICO, que ya no actuará como avalista entre los clientes escogidos por los bancos, sino como entidad prestataria. Pero, ¿cuándo, cuánto y a quiénes?
Según ha indicado el presidente de la CEOE tinerfeña, hasta 2018 no se regresará a los niveles de empleo de hace dos años. Los economistas dicen que con España aún en recesión, hasta que el crecimiento no supere el 3,5% no se volverá a generar empleo. Luego, efectivamente, harán falta unos ocho años para que la economía salga a flote del todo.
Zapatero lo quiere arreglar con el ejército de inspectores en la calle, que actúan como las legiones romanas, al asalto del pobre empresario que sufre los embates de la caterva de memos que nos gobierna. Esta es la España actual y, cómo no, la Canarias actual. La situación se ha vuelto tremendamente complicada para el común de los ciudadanos de este país, diez millones de los cuales no llegan a fin de mes.
El panorama no puede ser más desolador. Ni una sola del centenar de medidas del Gobierno ha servido para nada. El ciudadano se pregunta por qué no se van.
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