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SÁBADO, 20 DE MARZO DE 2010
EL GONGO SERGIO LOJENDIO QUINTERO *

Un catálogo

BAJO las nubes, que son las madres de la lluvia, siento llorar a la sabina, reclinando desconsolada su frente, y oigo de fondo el silbido del pinzón azul al encuentro del cómplice arrullo del pinar. Sostengo que he visto temblar como una hoja a todo un bosque de laurisilva y hasta gemir al monteverde en el umbral del mar de nubes, abrazándose al alisio cuando llega envuelto en esa gasa de azules húmedos, mientras allá, en la altura, rodeado de blancos silencios, he sido testigo de cómo se ruboriza la violeta del Teide, arropada en su sueño único. Que también he estado presente en esos momentos en los que el día se va despidiendo por las últimas paredes, ese breve instante donde el aire se estremece presintiendo ya el tacto frío de la sombra, cuando el tajinaste en flor juega a mandarle besos volados al cardón y la aulaga se desmelena, colándose entre un laberinto de tabaibales. Es entonces que ahora intento adivinar por qué la paloma rabiche aletea intranquila hasta posarse rendida de pena en los brazos del drago, que le susurra los temores milenarios que corren por su sangre antigua; por qué el cigarrón se paraliza en su congoja gris y los caracoles arrastran su zozobra dejando a la vista un rastro de huellas brillantes, como lágrimas. Me dicen que, de un tiempo a esta parte, la palmera se agita nerviosa; que al menor ruido, las lisas y los tizones barruntan peligro y corren a refugiarse entre grietas, siempre tan desinquietos, y el perenquén, con ese aire casi ausente, se escarrancha, acariciado por los dedos del sol. También me cuentan que al alimoche lo han visto vagar solo, sospechan que en busca de compañía, dibujando unos vuelos de latitud amarga, que la abubilla recita una melodía melancólica y la pardela, tan sarpeta ella, ya no hechiza las noches con la chiquillería de sus agudos lamentos. Y mientras tanto, la seba se marchita entre escombros de hormigón y las lapas no aplauden al sentir las caricias de las mareas.

En mi catálogo particular, la clase política hace ya bastante tiempo que está desclasificada como especie; no ha sabido mantener la categoría humana.

* Redactor de EL DÍA

 

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