Los grandes aventureros del siglo XX
son los padres de familia
(Charles Péguy).
HOY, 19 de marzo, festividad de San José y día del Padre, un año más, insisto en reivindicar la vuelta de esta celebración al calendario festivo. San José es un santo con añeja tradición y arraigo en España. Y, sobre todo, que así se realzaría y fortalecería la figura del padre, del "padre de familia", en su presencia activa entre los suyos y en su irrenunciable labor educativa. Misiones que, en estas últimas décadas, se han pretendido arrinconar o marginarlas con una corbata -que nunca se pone-, unos calcetines o un perfume que hasta colecciona.
Como se sabe, la madre ha ido ganando importancia a partir de la segunda mitad del siglo pasado en detrimento de la figura del padre. Considero que han contribuido a ello los descubrimientos de la moderna psicología, que ha enfatizado la necesidad vital del vínculo natural madre-hijo, de manera especial en los primeros años de vida. Y, por otro lado, la vigorosa presencia social de la mujer, apoyada con reiterada frecuencia, por reivindicaciones de movimientos feministas.
Sin embargo, hay padres -conozco a muchos- que, a contracorriente con este tipo de literatura e ideologías en boga, se han mantenido con firmeza en su condición de padres y en la responsabilidad que conlleva, junto con las madres, apoyados por su cariño y comprensión. Conscientes de que la armonía familiar y el acierto en la educación de los hijos comienzan por el amor y la ternura entre mamá y papá. El tiempo les ha dado la razón.
Otra inmensa mayoría de padres, tal vez por comodidad -no querer complicarse la vida o seguir los dictados de lo políticamente correcto-, han desertado de su condición, y han reducido su tarea a simple amigo de su hijo o "padre-colega". El pediatra y psiquiatra Paulino Castells llama a estos padres "tránsfugas" -figura que no sólo sirve para los que cambian de partido político-. También se les conoce como progenitores "periféricos" o "ausentes". "Y, como era de esperar -sigo con Castells-, llegó la resignación de la familia, que desplazó al padre a la periferia familiar, negándole en la práctica toda competencia educativa y jerárquica". Lo cual, a mi modo de ver, ha contribuido al advenimiento de tanto niño tirano, frustrado, maleducado y desertor de los estudios. En definitiva, a la llamada generación "Ni-Ni", que merece otro artículo.
La felicidad de andar por casa y la educación familiar son cosa de dos: de madre y de padre. Ambos, cogidos de la mano, deben transmitir autoridad y cariño a sus hijos. Aunque haya diferencias -porque el hombre y la mujer, gracias a Dios, somos distintos pero complementarios-; básicamente la madre proporciona bienestar y el padre fija los límites, pero todo ello con mucho cariño y comprensión. Otro psiquiatra, Aldo Naouri, sostiene: "El bebé sabe que depende de ella. La función del padre consiste en hacer ver al niño que su madre no es todopoderosa. La presencia de éste es fundamental para producir en el hijo la exigencia que necesita para crecer".
Si la presencia del padre, así como la interacción padre y madre, es fundamental en los primeros años de vida o en edad escolar, se hace más ineludible en esa etapa conflictiva de la adolescencia en que deja de ser niño y, con miedos e inseguridades -manifestados en rebeldías y terquedades-, va consolidando su personalidad de adulto; necesita notar que es querido, escuchado, comprendido, sobre todo por el padre -da lo mismo que sea hijo o hija-, orientado, estimulado y hasta exigido -porque el que ama, exige-. En esta edad, cuando he tratado de sugerirles a algunos de mis alumnos/as que debieran hacerse amigos de sus padres, más de uno me contestó: "Profesor, amigos tengo los que quiero. ¡Yo lo que necesito es un padre!".
Ahora se habla de progenitores -lo de progenitor A y progenitor B me da risa-. Como se sabe, tres o cuatro segundos le bastan al hombre para ser progenitor. Ser padre es muy distinto. Después del amor y la total entrega a su madre, los hijos son la más bella y cautivadora aventura que podemos vivir. Nadie ha dicho que sea fácil ser padre, pero vale la pena echarle coraje, porque es lo más apasionante y enriquecedor. ¡Hay que vivirlo!
Les deseo ¡muy feliz día! a todos los padres con sus familias y, por supuesto, a todas las Pepas y Pepes.
* Orientador familiar
y profesor emérito del CEOFT
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