Quince son actualmente los representantes canarios en el Congreso de los Diputados. Siete pertenecen al PSOE, seis al PP y dos a CC: doña Ana Oramas y don José Luis Perestelo. De los trece encuadrados en la disciplina de los dos citados partidos españolistas poco podemos esperar los isleños que aspiramos a recobrar nuestra libertad, pues al estar sometidos a la disciplina de formaciones estatales es evidente que reciben órdenes de Madrid y, lo que es aún peor, de Las Palmas, que es donde tienen estas formaciones sus mandos regionales. En cambio, de la señora Oramas y del señor Perestelo esperábamos algo más. Qué decepción. Después de lo vivido el martes en la Cámara baja, no hay duda de que la ex alcaldesa de La Laguna sigue jugando a la política pura. Más bien diríamos que le sigue haciendo el juego a Zapatero. ¿A cambio de qué, doña Ana? ¿A cambio de qué se ha hecho usted socialista, o al menos amante política de los socialistas? Porque no sólo se ha entregado al PSOE. Ahora, con la absurda disculpa de que los editoriales y comentarios de este periódico la han insultado, también se ha entregado usted a los canariones. Con cuánta alegría se ha puesto a escribir en la prensa canariona o en la procanariona que se imprime en Tenerife, pero siempre bajo una férrea disciplina y control del Sanedrín canarión "grancanario".
Nos quedaba una vana esperanza de que la señora Oramas recapacitara y pensara, al menos una vez, en los intereses de su pueblo. Porque ella, a diferencia de los diputados insulares que militan amordazados en el PSOE y en el PP, ha sido elegida por los canarios para que defienda sus intereses en Madrid sin titubeos ni componendas. ¿Y qué es lo que le interesa en estos momentos a los canarios? ¿Seguir haciéndole el juego a Zapatero y a sus ministros mientras entre todos arruinan a España y, en consecuencia, a Canarias, que sigue siendo una vergonzosa colonia de España? En absoluto. Lo que más les interesa a los canarios de verdad en estos momentos -a los canarios que no están narcotizados por las mentiras de la Metrópoli, o incluso a los que estándolo van despertando de su sopor y advirtiendo que, de momento y mientras no sean soberanos, no son nada- es recuperar la libertad que perdieron sus antepasados cuando se produjo el genocidio de los guanches. Eso es, señora Oramas y señor Perestelo, lo que les interesa a quienes los designaron a ustedes para que defendieran en Madrid sus intereses, no para que se divirtieran jugando a la política.
El martes de esta semana, mientras se discutía y se votaba en el noble edificio de la Carrera de San Jerónimo la propuesta del PP contra la subida del IVA -una de las últimas y mayores locuras económicas del Gobierno socialista de Zapatero-, doña Ana Oramas tuvo otra ocasión de oro para ponerse de pie sobre su escaño y decirle a la Cámara, ante los ojos de toda la Metrópoli, que allá se entiendan los españoles con sus impuestos, pero Canarias puede y quiere andar por su cuenta. Era el momento de proclamar que ya hemos pasado el ecuador de marzo y nos aproximamos a abril; el cuarto mes de un año -2010- a cuyo término, como mínimo, deben haber comenzado las negociaciones para el traspaso de poderes desde Madrid. Sin embargo, doña Ana y don José Luis no hicieron nada diferente a lo que vienen haciendo desde hace meses: bailar al ritmo que les marca la orquesta de mariachis de Zapatero y desentenderse de su gente. ¿Podemos llamar a esto una traición política? ¿Estamos insultando a la señora Oramas si decimos que es desleal con los ciudadanos que votaron por ella, y en ella depositaron su confianza?
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD