JUAN JOSÉ RAMOS, Tenerife
Nuestros rivales recibieron ayer un mensaje directo, muy directo: el Tenerife no está descendido y plantará batalla todavía en la Liga. La distancia, que ayer a las cuatro de la tarde parecía insalvable, ya no parece imposible de recortar. Y el camino para conseguirlo quedó señalado en el Heliodoro. La victoria por 4-1 ante el Espanyol tuvo de esos ingredientes que se le reclamaban a los de José Luis Oltra desde hace tiempo.
Los proscritos.- Durante gran parte de la primera vuelta pasaban los fines de semana en la Isla, ya fuera en la grada del estadio o viendo a sus compañeros por televisión. Ahora juegan y aportan. Son Culebras, Héctor y Ayoze. Los defensores están enchufadísimos y, con este nivel de intensidad, merecen seguir en el once. Mención especial merece el de La Vera. Era la tercera opción, por detrás de Kome y Omar, en su posición y los ha terminado adelantando por constancia, trabajo y una madurez que le permite ser importante. Ayer salió ovacionado.
El equilibrio.- El que aporta Richi. Con él, Ricardo es más Ricardo. El equipo gana orden y llegada, no en cantidad sino en calidad. Puede que no haga esfuerzos espectaculares, pero tampoco le hace falta. Rara vez se le ve fuera de sitio, siempre dispuesto al auxilio de un compañero, tanto en el apartado defensivo como a la hora de dar salida al balón. Ya sea por las lesiones, las sanciones o por su propio convencimiento, Oltra ha movido sus bazas y ha acertado.
Intensidad/Agresividad.- Eso sí, por mucho que el técnico valenciano defienda que el equipo hizo lo que otras muchas tardes, no son tantas en las que hemos visto a sus hombres con el nivel de intensidad, agresividad y solidaridad que ofrecieron ante el Espanyol. A ratitos en partidos como el Barcelona o el Madrid y durante la mayor parte del tiempo contra el Athlétic de Bilbao o el Sporting. Éste es el camino.
La afición.- Entendió la gente que se trataba de una final y se volcó desde la llegada del Tenerife al estadio hasta la conclusión. Supieron animar cuando las cosas no iban tan bien y hasta la ola regresó al Heliodoro. Son los nuestros unos seguidores tan generosos que, con poco, son felices. La siguiente pequeña alegría que deben recibir es la de ver a su equipo ganar, por fin, fuera de casa.
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