SUELE decirse que nunca segundas partes fueron buenas. A lo mejor la excepción se produce en el Ayuntamiento de Santa Cruz. Después de todo, también suele decirse que toda regla posee su excepción y, más aún, que la existencia de excepciones justifica la norma. Juegos de palabras aparte, parece claro que el gran derrotado en la reedición del pacto capitalino ha sido Ángel Llanos.
A nadie se le escapa a estas alturas que el Pibe de Ofra ha caído en desgracia por partida doble. En realidad, los cortesanos -y cortesanas, dicho sea sin connotaciones peyorativas- que pululan en el entorno de Miguel Zerolo nunca lo tragaron. Su ambición ponía en peligro el chiringuito del que llevan viviendo mucho tiempo. ¿Y Zerolo? Bueno, al alcalde más o menos le daba igual. Zerolo es un político de casta con suficiente flexibilidad de cuello y cintura; de cuello para mirar hacia otro lado cuando conviene, y de cintura para esquivar los balones que no le interesa tocar. Lo malo es que el de Ofra se puso en plan mosca cojonera y tuvo que cesarlo. Un error acaso provocado por su todavía falta de madurez política. Se le supone suficiente inteligencia para haber tomado nota. José Manuel Soria cometió el mismo desbarre en la pasada legislatura, cuando Adán Martín presidía el Gobierno de Canarias, y le costó la pérdida de las tres consejerías que tenía el PP en el Ejecutivo autonómico. Soria reconoció la pifia y ha comprendido que no se puede estar simultáneamente gobernando y en la oposición. Por eso decidió prescindir de su delfín en Santa Cruz; la segunda caída en desgracia de Llanos.
¿Le ha ganado la Niña la guerra al Pibe? Indudablemente, sí. Le ganó en su momento la batalla por la presidencia insular -la mayor parte de los fracasos se producen por querer adelantar la hora del éxito, y Llanos se tiró a la piscina sin comprobar si tenía agua suficiente- y lo ha derrotado finalmente en la contienda por el control del partido en Tenerife. José Manuel Soria, que en su momento se decantó por Ángel Llanos, ha comprendido finalmente que el 70 por ciento del PP tinerfeño está en las manos de Cristina Tavío. El setenta por ciento, pero no el cien. Como en toda guerra, queda una cuneta llena de cadáveres. O al menos de gente muy enfadada. Ahí tenemos, sin ir más lejos, a Alfonso Soriano negándose a asumir las áreas que le asignó la Niña (Sanidad, Medio Ambiente y Patrimonio) en un reparto poco menos que manu militari: esto es lo que hay, el que quiera lo toma y el que no lo deja. Soriano ha preferido dejarlo y seguir sólo como concejal. Bien es verdad que los cabreos no se han producido únicamente en el campo del PP. El hasta ahora concejal de Hacienda, ese inepto político llamado José Alberto Díaz-Estébanez, se puso el otro día a dar patadas cuando el alcalde le comunicó que dejaba de ser concejal de Economía y Hacienda. Al menos ahora tendrá más tiempo para contar chismes baratos en las emisoras de radio, que es lo único que sabe hacer, aunque a lo peor para él ya no lo llaman tanto de las emisoras de radio.
Y poco más. El Pibe ha comprendido que la política no son los cien metros lisos sino una maratón detrás de otra y, sobre todo, tal vez haya caído en la cuenta de que su futuro depende mucho de cómo se comporte durante los próximos meses.
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