1.- Que estamos asistiendo a una pasmosa vulgarización del lenguaje, que nos hallamos inmersos en tópicos terribles, que la gente habla cada vez peor, lo demuestra, por ejemplo, lo que transmiten, y cómo, los sudorosos futbolistas al abandonar el campo y hacer declaraciones a la prensa. No conozco uno solo que no comience su sarta de obviedades con la muletilla "la verdad es que?". Peor, mucho peor, son las preguntas de los reporteros, situados en el borde del rectángulo de juego. Sale el jugador, harto, crispado, agotado, y el reportero dice: "Bueno, Fulanito, no pudo ser, ¿no?". Evidentemente, no pudo ser porque su equipo ha perdido y por consiguiente la pregunta es absurda. Otros reporteros lo que hacen es la crónica antes de la pregunta: "Dos balones al palo, una decisión arbitral cuestionable en la jugada del gol, fallos en el centro del campo y un empujón dentro del área que fue penalti, Fulanito, la verdad es que?". Y el otro, exhausto, esperando a que llegue el ansiado interrogante para volver a responder: "La verdad es que? no tuvimos suerte".
2.- No aparece un análisis interesante en esas interviús apresuradas, en las que el entrevistado no tiene capacidad para responder, dado su estado físico, y el periodista, encaramado en la chepa de otros compañeros que pretenden obtener idéntica obviedad, tampoco está en su mejor momento de lucidez. Así sale lo que sale, tanto por culpa de uno como del otro. Por mí suprimiría a los del micrófono, al menos en esa posición, dejaría irse tranquilamente a los vestuarios al deportista y haría los comentarios desde la comodidad del sillón del palco de la prensa y desde la reflexión. Y más cuando los futbolistas siempre dicen lo mismo: "La verdad es que?".
3.- En fin, que esa chabacanización del lenguaje me resulta especialmente preocupante. Parece claro que los deportistas de elite, tras el esfuerzo tremendo que realizan a lo largo del partido, hasta que son sustituidos o hasta que terminan cualquiera de los dos tiempos del encuentro, no se hallan en condiciones de opinar algo interesante. Yo hago apuestas conmigo mismo para acertar en qué momento van a largar "la verdad es que?". Ni en una sola ocasión en que he puesto en práctica esta especie de juego he fallado. La estadística me da el cien por cien de aciertos. Sin contar lo del "bueno", que es otra muletilla intolerable. La verdad es que sigo muy preocupado con todo esto, desocupados lectores.
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