DA LA SENSACIÓN, al leer las declaraciones de la ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia, de que el Gobierno español, o más concretamente a un sector de la comunidad científica española, tiene unas ganas desesperadas y desesperantes de quitarse de encima la opción palmera para la ubicación del telescopio gigante. Una postura, por otro lado, lógica hasta cierto punto: 300 millones destinados al E-ELT son 300 millones que no van a otros sectores de la investigación en tiempos, por añadidura, de serios recortes presupuestarios para I+D+i, que esa es otra.
Si van por ahí las cosas -y espero que no vayan por ahí- baladí resulta el esfuerzo de Paulino Rivero al pedir que se despliegue el mismo esfuerzo diplomático y político utilizado para conseguir, al final infructuosamente, que Madrid fuese sede olímpica. En cualquier caso, cabe preguntar cómo está la situación actualmente. Ante todo, no es cierto que el Observatorio del Roque de los Muchachos haya perdido por goleada sus opciones frente al de Armazones. Aunque se han enumerado varias veces, no está de más recodar que en la decisión final intervendrán tres factores: la calidad astronómica del cielo, la aportación económica de España y Chile y, por último, una serie de componendas políticas que también afectan a la ciencia. A la ciencia y a todo, como pudo comprobar Madrid en el citado caso de su candidatura a ser sede de una olimpiada. La razón económica y de capacidad de organización señalaba como favorita a la capital de España, pero al final mandó la política de premiar a un país -Brasil- que, en honor a la verdad, ha conseguido un despegue espectacular en los últimos años. ¿Ocurrirá lo mismo con Chile?
Depende de la economía y de la política. La oferta económica española (300 millones de euros) supera con mucho a la chilena, cifrada en unos 75 millones de euros en especies. Si a esto añadimos el aspecto técnico -hay empresas en España que ya cuentan con experiencia en la construcción de un gran telescopio-, las mejores opciones las tiene el Roque de los Muchachos. Estoy convencido, empero, de que al final decidirá la política. Es decir, la voluntad del Gobierno español, porque la apuesta del Gobierno de Canarias por la ubicación en La Palma es clara y decidida. Eso sí, se echa de menos un poco más de entusiasmo en determinada isla. Qué le vamos a hacer. Indudablemente la situación sería distinta si no se estuviera luchando por el Roque de los Muchachos sino por el Roque Nublo, pero eso no tiene remedio.
Sea como fuese, acierta Rivero cuando dice que no se ha perdido nada y que la partida acaba de comenzar. Una partida, insisto en ello porque esa es la madre del cordero, llamada a desarrollarse no sobre el típico tapete verde de las mesas de juego, sino sobre el incoloro -y a menudo nauseabundo- lienzo de las relaciones internacionales. ¿Tiene fuerza suficiente el Gobierno español para imponer La Palma frente a Armazones? Más bien, no. Si no lo consiguió un internacionalmente prestigiado Aznar cuando el asunto del sincrotrón, mal lo puede lograr un devaluado Zapatero. Acojámonos al menos a la máxima napoleónica de "lo difícil se hace, y lo imposible se intenta". Eso sí, siempre con la idea de que la sede palmera es, esencialmente, una opción posible y probable.
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