ESA LETRA empequeñecida que las compañías aéreas han decidido ahora convertir en obligación mayúscula me empuja a revolver en el trastero del tiempo y, después de echar a volar mis pensamientos, eso sí, afortunadamente sin tener que pagar tasa alguna por sobrepeso, decido tomar prestada la maleta de Pedro Lezcano, aquella grande, de madera. Así, entre los paréntesis por tanto apagón voy haciendo acopio de algunas de mis cosas para ponerle proa a este viaje. Primero introduzco, acomodado en el fondo, el meridiano cero, para marcar bien las horas; ahora un fisco del aliento de la mar, con una pizca de sal y espuma; por aquí un manojo de risas de boca ancha, con las que sobrellevar tanta amargura; no sé cuántos pañuelos con sus lágrimas secas perfectamente dobladas; ahora, bien acolchadas, tres cuartas de vino tinto, del peleón, y media de ese blanco nuestro, suave y bien afrutadito; ahí va un buen cacho de queso de cabra, con cobertura de pimentón; dos mudas completas, para lo que se tercie; un machango cualquiera, ése mismo, el de los ojos engüevados, encajadito en este hueco, y a su lado un libro de poemas de mi tía Pilar; más allá, aquel tarro donde guardo los escalofríos de esa luna que siempre se intenta colar por mi ventana; por aquí unos panes de Arafo, de matalauva: el timplilllo de cuatro cuerdas y unas fotos del Teide? También me voy a llevar una bolsa de chochos, por si las moscas; dos paquetes de gofio de mezcla, de la molienda de Granadilla; unos cuantos sueños, de ésos todavía inacabados; la bandera de las siete estrellas; aquel espejo ahumado por el vaho de los montes de laurisilva de Anaga; la bacinilla de porcelana, sin estampaciones florales; el pijama a cuadros de franela, para el pelete; unos jirones de mar de nubes; un par de cholas, sin piche? ¡Ah!, y las jareas de vieja, que son un encargo, con su puñadito de papitas negras; además, un suspiro de ternura y otro tanto de vehemencia; unas frescas ráfagas de alisio; otro manojo, esta vez de soledad? ¿Ya está todo? Pues la dejo bien cerrada con un hilo de pitera y me siento encima de ella a esperar por ti.
* Redactor de EL DÍA
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