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LA MEDIA COLUMNA FRANCISCO AYALA

Festividad de San Juan de Dios

9/mar/10 07:41
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AYER, 8 de marzo, señalaba el Santoral la festividad litúrgica de San Juan de Dios, el santo granadino nacido en un pueblo de Portugal, que ha sido, en el mundo entero, ejemplo sublime de caridad, sacrificio y entrega total a los necesitados para los que ha creado centros hospitalarios, hogares de acogida, internados para niños, jóvenes y mayores y, puede decirse, toda clase de establecimientos dedicados a los pobres y a los necesitados principalmente, aunque su labor benéfica se ha extendido a todas las personas, en especial en España, al ser sus hospitales concertados por el Instituto Nacional de la Salud.

La obra de San Juan de Dios se extiende a lo largo y ancho de todo el globo terrestre, desde casi la Patagonia a las mismas regiones heladas del norte siberiano. No pensó Juan Ciudad, que así se llamaba el santo, aunque siempre trabajó con fe y confiando en la ayuda del Señor, que tras su primer hospital en Granada, que aún está en pie y funciona perfectamente, sus centros llegaran a tan diversos y distantes países. Además de sus establecimientos hospitalarios y de acogida, la Orden fundada por san Juan de Dios tiene casas en todos los países iberoamericanos, algunas de las cuales conozco personalmente, como las de Venezuela y Argentina. Hay centros del santo granadino en poblados cercanos o dentro mismo de la selva amazónica a donde la civilización propiamente dicha está aún por llegar. Hasta esos puntos remotos, los hermanos de San Juan de Dios llevan médicos, medicamentos y hasta material quirúrgico para atender a los nativos. A veces tienen que navegar por ríos para llegar a esos centros de las selvas suramericanas. Se enfrentan con climas calurosos en el Amazonas y en el Orinoco, pero para ellos esas dificultades no son obstáculo para cumplir la misión que les marcó el fundador con los que más necesitan atención y ayuda.

La llegada y el establecimiento en Canarias de los hermanos de San Juan de Dios fue, pienso para mí, un milagro más de los muchos del santo. Con las manos vacías, empezaron a venir como limosneros para las casas de Jerez y otras andaluzas. Entre estos religiosos estaba el hoy capellán del hospital de Tenerife, padre Fernando Lorente, uno de los artífices de ese establecimiento, que ya hace medio siglo y pico que funciona. Una subvención del Cabildo Insular de Tenerife, gestionada por el entonces consejero don Miguel López, traumatólogo que fue al principio y, durante muchos años, director de la clínica y luego hospital, lanzó a los hermanos a la aventura de abrir una primera clínica para enfermos de poliomielitis en una casa alquilada de Vistabella, de la que se pasó al actual hospital, paso que, creo, se debió a la influencia divina del santo fundador, porque no tiene casi explicación que de la nada y sólo con las limosnas y las modestas subvenciones pueda surgir una casa hospitalaria tan costosa e importante, no sólo en obras sino en material e instrumental médico-quirúrgico, parte del cual donaban los propios médicos, todos voluntarios y sin cobrar un céntimo.

Y hay mucho más que contar, pero no queda espacio y llegaríamos a las repeticiones. Ayer, en la capilla del hospital San Juan de Dios de Tenerife, se ofició una función religiosa presidida por el prelado nivariense monseñor Bernardo Álvarez, con la parte coral a cargo del conjunto Unum Cor.

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