TENERIFE b 1
oviedo 0
CD Tenerife BToño Ramírez; Achi, Bruno, Moreno, Guayo (Uri, m. 65); Juan Ramón, Rayco, Julio de Dios, Roque (Óscar Martín, m. 62); Airam y Rubén Rosquete (Jonay, m. 50).
Real OviedoAulestia; Rubén González, Dani Hedrera, Jorge Rodríguez, Javi Barral; Curro; Xavi Moré (Jandro, m. 60), Rubén García, Iván Ania (Invernón, m. 78); Manu Busto y Perona (Miguel, m. 73).
ÁrbitroAlonso Vizuete Sánchez, del Comité Andaluz. Amarilla a Toño Ramírez, Achi, Bruno, Rayco y Julio de Dios, y al ovetense Dani Hedrera.
Gol1-0, m. 10: Envío largo, desde campo tinerfeñista, con destino a Airam, en posición de ataque de interior derecho. El portuense, en velocidad, controla, se deshace de un defensa, entra en el área, le sale el portero Aulestia y centra a su izquierda, donde Rubén Rosquete empuja el balón al fondo de la red.
IncidenciasAlrededor de 900 espectadores en el CIAT, con amplio número de aficionados ovetenses.
C. CAÑADILLAS, S/C de Tfe.
Una de las frases recurrentes de Alfredo Merino para explicar derrotas es que si sus jugadores no rinden al cien por cien el CD Tenerife B es un equipo mediocre que no le gana a nadie. Ayer no encontró motivos para volver a sacarla de su repertorio. El cuadro blanquiazul, individual y colectivamente, mostró más virtudes que el histórico Oviedo, claro aspirante al ascenso, al que derrotó con un aplaudido gol de Rosquete.
En un ambiente de fútbol como pocas veces se ha visto esta temporada en el CIAT, hasta con José Luis Oltra en la grada -¿su presencia era para ver al Oviedo o para escapar de ese 90 por ciento que no ha visto jugar a Airam y pide una oporunidad para él? Seguro que ninguno de los supuestos es correcto-, el Tenerife y el "Real Madrid del grupo" iniciaron el encuentro a un alto ritmo. Salieron veloces, mirando de frente al rival, libres. Por ello, antes del minuto cinco, el central ovetense Jorge Rodríguez, con una estética chilena, y Airam, con un tiro lejano, enseñaron pronto al público hacia dónde debía atender.
Poco después, Toño se convirtió en superhéroe, volando para despejar a una mano un balón que se colaba en su portería tras una falta lanzada por Manu Busto. Era el minuto 7 y la acción, a posteriori, sería la mejor ocasión del Oviedo en el primer acto.
La más clara del Tenerife B en ese tiempo no concluyó con aplausos sino con ovación. Airam hizo de terapeuta con Rubén Rosquete, al que asistió para que marcase su tercer gol en la Liga, primero desde hace cuatro meses. Se lo merecía.
El acierto local reforzaba los roles previstos para el partido. El Oviedo debía asumir su condición de "equipazo" y el Tenerife B la de conjunto impredecible, capaz de lo peor y de lo mejor. Y eligió la segunda cara, la buena, aunque con unos matices ensayados.
El cuadro local sabía ayer cómo debía jugar y cumplió el plan. Su defensa la comenzaban sus delanteros; en el centro del campo acumulaba futbolistas dispuestos a apoyarse y a no complicarse la vida reteniendo el balón, mientras que la zaga centraba toda su atención en el balón y en dificultar los movimientos del rival. A estos argumentos, añadió un ingrediente más: el pase rápido para atacar.
De esta forma, el Oviedo poco hizo ofensivamente en la primera mitad. No podía desplegar su fútbol directo y le faltaba campo para encontrar espacios ante el ejemplo de solidaridad de su rival. Sólo con centros desde los extremos, la mayoría sin rematador, trataba de amedrentar al cuadro local.
El Tenerife B, por su parte, no perdía la concentración y hasta se permitía la osadía de mostrarse pelotero, de tocar y tocar. En sus contragolpes siempre parecía que sucedería algo. Uno de ellos lo acabó el entonado Julio de Dios con un disparo alto después de una perfecta conexión entre Juan Ramón y Airam (m. 26).
Los esquemas poco variaron tras el descanso. Y en la primera contra local pudo llegar el segundo. Rayco robó un balón en el centro del campo que envió al espacio libre para que Rubén Rosquete se fuese con rapidez, encarara a Aulestia y disparase alto. No sólo no fue el 2-0 sino que dejó al Tenerife B sin el delantero, que sufrió un esguince de tobillo en esa jugada. Era el minuto 50.
El cuadro local comenzó a pagar el esfuerzo y para mayor mal, con los cambios ya realizados, Airam sufrió un calambre que lo dejó a menos de medio gas con 20 minutos por jugarse todavía. El filial se centró en tareas defensivas. Por lo menos, el reloj no avanzaba lento y la recompensa final estaba cerca.
El Oviedo trataba de acorralar sin conseguirlo. El balón poco le duraba y sus ataques eran más automatismos que creatividad. Ni con la entrada del experimentado Miguel, al que Toño Ramírez le debió parecer un gigante en un uno contra uno que el ex del Elche o Numancia erró (m. 77), logró mantener la racha de resultados positivos que traía.
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