Criterios
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
LO ÚLTIMO:

SUPERCONFIDENCIAL ANDRÉS CHAVES

La platanera

8/mar/10 07:41
Compartir
Edición impresa .

1.- Me metí, este sábado pasado, por la vereda de la vieja finca de mi abuelo, desde el estanque a la casa habitación del medianero, por el camino en cuyos bordes, antañazo, amontonaban los peones la pinocha para el estiércol. Cuando uno transita los caminos del pasado, reverdecen, saltarinas, las emociones. Pasé la mano por las atarjeas del antiguo riego por anegación. Sentí caer el agua del chorro del estanque. Todo aquello me pareció tan cercano, tan familiar. Con la añepa de aceviño que me regaló mi joven amigo independentista conté las manillas de los plantones, como me enseñó a hacer mi abuelo, desde el camino. Él lo hacía con su bastón. Para entender todo esto hace falta nacer aquí, como nací yo, entre baladas verdes de ramas cimbreantes que interpretan una música inaudible. La comida de los peones olía a frío. Si algo predominaba en aquella dieta era la pelota de gofio, que algunos mezclaban con plátanos y una cucharada de azúcar. Cuantos recuerdos: Juan Rita, con el burro en el que llevaba a mi primo a la romería de San Isidro. Pepe, que hablaba bajito. Y los demás, que bebían agua de la atarjea, haciendo hueca la mano y llevándosela a los labios. Sus camisas eran de un manchado limpio, cuchillo en el cinto, pantalón ligeramente arremangado, alpargatas del ocho.

2.- Mi abuelo les pagaba en sobres, me parece que los sábados, no les permitía que interrumpieran su almuerzo para saludarle; se interesaba por sus familias; los llamaba por su nombre. Era gente buena, honesta. Destacaba entre ellos la dispuesta figura del encargado; ya no me acuerdo de su nombre. Sí me acuerdo del señor Melchor, un hombre alto y fibroso que me llevaba al colegio, sordo como una tapia. Su mujer se llamaba seña Felipa y su nieto, Misael. Con Melchor me dejaban estar mis abuelos; era una persona de entera confianza, que bajaba de La Vizcaína al Puerto a trabajar, cada día. Me enseñó a coger los peces del estanque de mi casa con la mano y a soltarlos de nuevo; yo, con la crueldad del niño, le movía la escalera cuando él limpiaba las lámparas, pero nunca logré tirarlo. Él se reía con mis ruindades y me contaba cosas de la guerra civil, aunque yo no sé si era verdad que había luchado en ella. Arreglaba mis cochitos de verga, que llevaban volantes de caña. El otro día me regaló uno mi amigoSantiago. Lo tengo lleno de caramelos.

3.- Por la noche aconsejan no entrar en la platanera, porque da mala suerte y además coges pulmonía, por la humedad. Además, por la noche salen las ratas a comerse lo que trincan. Se morían con el foferno que echaban a las plataneras para matar las plagas. Mis amigos disparaban a los lagartos con sus escopetas de balines; yo, no. A mí me gustaba más despanzurrar botellas de cristal. En mi inconsciencia, una vez hice de blanco de Robin Hood con una botella en la cabeza. Menos mal que quien tiraba lo hacía bien y no me sacó un ojo. ¿Quién tiraba, Piquico, Aquillo, José Luis, el nieto del señor Melchor? No me acuerdo. Pero lo mejor es que ya ha salido el artículo, que vuela hacia el periódico por la Internet.

achaves@radioranilla.com

 

 Última hora:

 Últimas galerías:

PUBLICIDAD

Cargando...

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Portada > Criterios

© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD

eldia.es Dirección web de la noticia: