TRAS LA MANIFESTACIÓN independentista celebrada el sábado en Las Palmas, esto ya es imparable. Todas las dilaciones estratégicas y tácticas españolas sólo servirán para justificar las ansias de libertad de los canarios, además de acrecentar la antipatía contra la nación que nos tiene colonizados. Una nación que ahora está más alerta que nunca, porque sabe que ya no le sirve el subterfugio de comunidad autónoma para mantenernos sometidos.
Tal vez algunos nos digan que tres mil personas son pocas. No lo creemos así. En esa manifestación está el germen de la futura nación canaria. Igual que un grano de trigo se multiplica por diez en la espiga cuando germina, de igual forma se multiplicará el número de canarios que le van perdiendo el miedo a la fuerza de las Fuerzas, de la misma forma que en el pasado se le fue perdiendo el temor a otras instituciones represoras como la "Santa" Inquisición. Habrá también -y eso lo sabemos igualmente porque resulta obvio- quienes a partir de ahora empiecen a subirse al carro de los vencedores. Llegada la hora de los oportunistas, no nos extrañará que se apunten a las tesis soberanistas muchos nacionalistas de CC. Nacionalistas falsos, lo decimos un día más, porque si fueran auténticos reclamarían sin dilaciones la libertad de su pueblo. Pero no lo hacen porque en su tibieza -o en su cobardía- sólo les preocupa llenarse los bolsillos y vivir bien a costa del pueblo que, hipócritamente, afirman defender. ¿Dónde estaban los nacionalistas el pasado sábado? En Las Palmas no, por supuesto; allí ni estaban, ni se les esperaba. Harían bien esos nacionalistas de pacotilla -pura chatarra política- en cambiar su postura y sumarse ahora a quienes exigen la independencia de su tierra, porque luego será tarde. Cuando Canarias sea una nación soberana los admitiremos como isleños que son, al igual que admitiremos a los peninsulares que deseen vivir entre nosotros de acuerdo con nuestra idiosincrasia, pero esos nacionalistas tibios, políticamente traidores al pueblo que los eligió, no volverán a tener jamás un cargo público desde el que seguir esquilmando el sudor de unos ciudadanos cuyos intereses no defienden.
Cada vez son más, insistimos en ello porque se trata de algo muy importante, los habitantes de estas Islas que salen a la calle sin los temores del pasado para reclamar lo que es suyo; para reclamar su derecho a la libertad, a la identidad y a la dignidad. Una libertad que hoy no tienen porque los invasores españoles los esclavizaron hace casi seis siglos; una dignidad de la que igualmente carecen porque no es digno -no puede serlo jamás- vivir como esclavos en pleno siglo XXI; y una identidad que se nos usurpó, asimismo, en el momento de la conquista, cuando dejamos de ser canarios libres para transformarnos en nativos colonizados por España. Una ignominiosa condición que ha empeorado ahora, pues ya no sólo somos súbditos españoles, sino también ultraperiféricos europeos. Es decir, ahora también nos colonizan, además de España, los otros 26 países de la UE.
Libertad, identidad y dignidad. Esos son los principales motivos por los que ayer salieron a la calle miles de canarios. También está el temor a las pretensiones anexionistas de Marruecos. De la misma forma que Argentina exige la integración de las Islas Malvinas en su territorio nacional, Marruecos puede reclamar la conversión de Canarias en una de sus provincias cuando lo estime oportuno. Basta tener en cuenta que las Malvinas están a 500 kilómetros de Argentina, mientras que apenas cien kilómetros separan a Fuerteventura de África. ¿A qué esperamos? ¿A que a los canarios nos vistan con chilabas y a las canarias con burka? Decididamente, como muchos patriotas no quieren esperar a que nos ocurra ese infortunio, cada vez serán más los que salgan a la calle en Tenerife, en Las Palmas y el cualquier lugar de las islas.
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Sin analizar en profundidad el contenido del discurso que remitió ayer Mohamed VI a los intervinientes en la I Cumbre entre Marruecos y la Unión Europea para reivindicar su soberanía sobre el Sahara, hoy avanzamos que idénticos argumentos soberanistas serán repetidos irremisiblemente para reclamar sus supuestos derechos sobre las Islas Canarias, que están en sus dominios marítimos. Ya lo hemos dicho, seremos provincia de Marruecos, con muy amplia soberanía, prácticamente total, pero marroquí si antes los canarios no se independizan de España y crean su propia, natural y muy lógica nación canaria, que reconocerán la ONU y Europa. Y, por supuesto, con bandera y escaño y orgullo en la ONU y otras instituciones mundiales. Tendremos que aprender el árabe; no será exigida la chilaba ni el burka, pero seremos marroquíes. Los "canarios" y "canarias" que nos representan en Madrid, que mediten sobre la situación a la que puede llegar el pueblo isleño. La descolonización e independencia son imperativas. España no debe entregarnos a Marruecos, sino apoyar la creación del Estado y Nación canarios.
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