EL PRÓXIMO 8 de marzo, la Iglesia celebra la fiesta litúrgica de San Juan de Dios, coincidiendo con el Día de la Mujer Trabajadora, por las que tanto luchó nuestro apóstol de la caridad; son muchísimas las anécdotas que podríamos contar sobre el apoyo que este santo prestó a las féminas que encontraba en su camino, llegando a entrar a prostíbulos para sacarlas de esa vida. Llegó a pasar hambre durante varios días, ofreciéndoles el poco dinero que portaba con tal de que volvieran a casa y no ofendieran más al Señor.
Pero no sólo fue san Juan de Dios el santo de las mujeres que andaban equivocadas; fue el más y mejor bienhechor de los pobres más necesitados, de niños, ancianos y enfermos. Él iba recogiendo en el tránsito de su vida a todo aquel que necesitaba una migaja de cariño y atención. Una fuerza misteriosa lo empujó desde que tuvo ocho años a escapar de la casa donde vivía con sus padres, un pueblecito de Portugal llamado Montemayor, y caminando (más de 300 km) llegó a Oropesa, una pequeña villa de Toledo, donde el párroco se dio cuenta de que el niño andaba solo, y a su ruego lo recogió una familia bien adinerada.
Fueron muchas vueltas y muchos avatares los que llevaron a san Juan de Dios a conocer a Cristo; estuvo de soldado en dos guerras y dos veces a punto de casarse, condenado a muerte por un malentendido y cientos de vivencias distintas en su aventurero deambular. Pero todas iban hollando el sendero que lo llevaría a la santidad. Llegó un momento en que Juan muere a una vida y nace a otra. Es el momento de las decisiones; es esa hora en que todo hombre y toda mujer llega a una madurez y a unas conclusiones determinantes. Para Juan de Dios había llegado ese momento. Escuchó a un gran orador -P. Juan de Ávila- hablar de Cristo, y fue tal su conversión que en ese preciso instante comprendió todo el sentido de su vida, comenzó a saltar y a bailar por todo el pueblo hasta que lo tomaron por loco. En realidad, fue su "locura de amor por Cristo". Aquel sermón fue la gota que colmó el vaso.
Nació para amar a Dios sobre todas las cosas, y a los pobres más que a sí mismo. Dios puso en su corazón una fuerza incalculable, una luz diamantina para poder ver y sentir el dolor humano. Fue en un portalón de Granada donde acogió a su primer enfermo. Así comenzó lo que sería su gran obra, la Orden Hospitalaria, de la que gracias a los Hermanos de San Juan de Dios tenemos la suerte de contar con un hospital en Santa Cruz de Tenerife.
La vida ejemplar, santa y sacrificada de san Juan de Dios arrastró a seguir su modelo a muchos otros que tomaron la antorcha del santo de Granada, "El enfermero de Dios", "El limosnero del capacho", "El hombre que supo amar", el santo que se le ocurrió pedir limosna pregonando. Juan utilizó el único instrumento entonces disponible: el pregón. La limosna que siempre ha sido confidencial. Juan de Dios la echó al aire, la gritó, y surgió el efecto deseado. "El pregón de Juan por las calles de Granada traía un excelente aval evangélico; sus oyentes lo entendieron perfectamente". Los Hermanos de la O.H. -y en especial el padre Fernando Lorente, capellán de la clínica- nos invitan a la solemne Eucaristía que se celebrará el día 8 de este mes de marzo, donde pediremos al generoso "santo que supo amar" que esta vez sea él quien nos dé una limosna de amor y caridad para este mundo al que tanta falta le hace.
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