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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Unelco y la Luna

3/mar/10 07:46
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COMO no todo ha de ser malo en esta vida, el apagón de la otra noche en Tenerife tuvo la ventaja de permitirnos una inusual visión del cielo a oscuras. O casi a oscuras, porque brillaba una espléndida luna llena. Una ventaja añadida que no supuso ningún consuelo -eso pienso- para quienes tenían algo que hacer entre la una y media y las seis y media de la madrugada. Parece que ahora hay mucha gente en esta Isla que trabaja de noche. Menos mal, habida cuenta de que, tal y como está la situación, cada vez son menos los que trabajan de día.

Ya un poco en serio, no pretendo disculpar a Unelco (Unelco-Endesa se dice ahora) por este nuevo apagón insular o cero energético como señalan los entendidos. Cierto que hace unos días, la misma tormenta que en Canarias se limitó a tirar unos cuantos árboles viejos y poco más, causó 22 muertos sólo en Francia y dejó a varios millones de personas sin electricidad en ese país. Veintidós víctimas fatales sólo en Francia, pues en toda Europa hubo más de sesenta. En Canarias, afortunadamente, ni una sola, y en toda España una; una mujer a la que le cayó un árbol encima, pues las otras dos personas fallecidas sufrieron un accidente de tráfico. Me pregunto a quién hubiésemos quemado en la plaza pública con unas cifras similares de damnificados en España. Pese a ello, insisto en que no pretendo disculpar a Unelco-Endesa.

En realidad, no podría exonerar de sus responsabilidades a la compañía encargada del asunto eléctrico en este Archipiélago porque cuando se produjo el último apagón la tormenta ya estaba lejos de las islas. No había vientos significativos que derribaran torres del tendido, ni lluvias torrenciales que causaran goteras inoportunas. Sería injusto, empero, culpar de todo a una empresa cuando en Tenerife -y por extensión en toda Canarias- hasta el bedel del más pequeño ayuntamiento formula una objeción ecológica e inmediatamente se paraliza una obra. No digo ya un alcalde respaldado por los votos mayoritarios de los concejales de su Corporación, sino cualquier funcionario que se aburre y decide parir algo para disponer de sus quince minutos de gloria. Se quejan los responsables de Unelco que han de transcurrir no menos de diez o quince años desde que se inicia la tramitación para construir una central hasta que pueden empezar las obras. Al final, lo comentaba alguien el otro día, como vivimos al estilo de los ricos -aunque sin serlo-, nos permitimos el lujo de oponernos por sistema a la construcción de cualquier infraestructura: no más autopistas, ni trenes, ni pistas aeroportuarias, ni puertos industriales, ni gas, ni -por supuesto- centrales eléctricas y torres de alta tensión. Eso se lo pueden permitir los suizos, señores ecologistas, esencialmente porque los suizos han construido ya todo lo que necesitaban para vivir de manera confortable; a nosotros aún nos queda bastante. El ecologismo sensato no consiste en oponerse a todo; consiste en vigilar que aquello que ha de realizarse porque resulta imprescindible, se haga con el menor impacto ambiental posible.

Lo peor, sin embargo, no son los ecologistas radicales, sino una clase política acobardada, más pendiente de no perder un voto que de procurar lo mejor para todos sea cual sea su coste electoral.

rpeyt@yahoo.es

 

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