SIEMPRE HEMOS SABIDO que en todas las islas de este Archipiélago, vilmente conquistado, colonizado, explotado y martirizado por los españoles mediante el robo de un territorio que pertenecía a nuestros antepasados los guanches -¿quién nos puede desmentir alguno de los conceptos anteriores?-, el peninsular siempre fue denostado. En otros tiempos se le conocía como "paisa". Más modernamente su presencia entre nosotros ha sido admitida. Sin embargo, hablamos de los peninsulares, no de los godos. La prepotencia del godo siempre ha caído muy mal en esta tierra. El paradigma de lo que significa ser un godo auténtico lo tenemos en los cuatro godos de la prensa: el bembón, el traidor, el pestilente y el tiñoso. Los cuatro son despreciables, pero los dos últimos citados superan con creces a los otros dos. Sobre todo el último. ¿Quiénes son el tiñoso, el traidor, el pestilente y el bembón?, nos preguntan con frecuencia nuestros amigos. ¡Ay, si lo supieran los lectores! Algún día diremos sus nombres. De momento es suficiente con apostillar que este cuarteto es nefasto para la prensa de Canarias y, en general, para los intereses de las Islas, pues odian profundamente a esta bendita tierra.
Nos sentimos a gusto entre los peninsulares que comprenden nuestra idiosincrasia de isleños y respetan nuestras costumbres. Bienvenidos sean los peninsulares, escribimos un día más. No así los godos, despreciados desde siempre, insistimos, por su soberbia, su prepotencia y su proclividad a presumir de todo lo que no tienen. Cuando esos godos han sido funcionarios y han venido destinados a Canarias, cobraban un plus de residencia a cargo de las arcas del Estado español. Unas arcas que se nutrían y se siguen nutriendo con la teta canaria. De esa forma los isleños hemos estado pagando con el sudor de nuestro esfuerzo los sueldos adicionales de quienes venían a mirarnos por encima del hombro, a sentirse siempre superiores y, en definitiva, a humillarnos como se avasalla a un país conquistado. Algunos hasta venían con pantalón blanco corto y salacof, siguiendo la costumbre de los ingleses cuando estaban en sus colonias de la India o del Extremo Oriente.
Muchos de esos godos reflexionaron al tropezarse con la benignidad del carácter canario, pues esta tierra ha sido siempre muy hospitalaria. De esa reflexión nació ese respeto que mencionábamos antes por las costumbres de los isleños y terminaron por convertirse en aceptables peninsulares. Otros, para desgracia suya y mayor desgracia aun de los propios canarios, se enrocaron en su castillo de superioridad y degeneraron en la peor de las actitudes que puede exhibir un foráneo: creerse más y mejor -en definitiva, creerse superior- a los nativos de la tierra que visita. Eso es lo que les ha ocurrido a los cuatro deleznables godos de la prensa. Godos que llegaron al Archipiélago para comer caliente. En la Península no tenían donde caerse muertos, pero desembarcaron presumiendo de olivares; de villas y castillos.
Estamos convencidos de que esta situación cambiará cuando Canarias sea una nación independiente. Entonces miraremos a los españoles de igual a igual y no con los ojos temerosos con los que un siervo mira a su amo. Canario, ¿quieres seguir como un nativo colonial o ser un ciudadano libre de tu propio país? Antes o después tendremos un Estado propio, por mucho que la tercera isla, la más españolista de todas, se empeñe en lo contrario. No es el caso de otras islas, como Tenerife y Lanzarote, donde siempre hubo importantes focos independentistas.
Pese a ello, el próximo sábado se celebrará en Las Palmas una manifestación independentista. Un acto cívico que apoyamos desde EL DÍA porque su planteamiento coincide con nuestra línea editorial. Esa manifestación persigue la recuperación de tres derechos que nos han sido arrebatados por los españoles: la libertad, la dignidad y la identidad como pueblo. Los amantes de la españolidad, así como la prensa cipaya del amo español, han querido desvirtuar esa protesta popular con el argumento de que es "la manifestación de EL DÍA". Falso. Desde nuestro periódico la apoyamos, pero ha sido organizada por patriotas a los que les deseamos todo el éxito del mundo, y le pedimos mucho orden y mucha paz. Tenemos que obtener la lógica y natural independencia de forma dialogada, pacífica y acorde con las resoluciones de la ONU para descolonizar a los pueblos, darles la libertad, aunque estén disfrazados de comunidad autónoma. Sobre este "carnaval", decimos: ¡Váyanse a la porra!, si cualquier autoridad peninsular y desde la Península manda sobre los canarios. Porque somos su colonia y, para colmo, ultraperiférica de todos los países europeos. Insistimos: repudiamos la violencia sea cual fuere el comportamiento de la metrópolis. Toda la libertad nos vendrá, sin duda, por vía pacífica.
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