Ciclogénesis explosiva o cómo gobernar en Candelaria
Candelaria sufre desde hace tiempo los azotes de un fenómeno, no meteorológico, pero sí adverso. Esta tormenta, borrasca o depresión (posiblemente depresión es lo que causa en muchos habitantes) no tiene su origen en el trópico o en las Azores. Este ciclón (que no es un ciclón musical, como pueden ser Jerry Rivera, David Bisbal o Ricky Martín, aunque este último produce fuertes aguaceros de endosos bancarios) es endémico de la zona, y aunque persiste, ya se atisba el fin, anunciando nuevos aires y bonanza en este municipio.
Lo último de este ciclón político fue el intento de desalojar al barrio de Bajo la Cuesta, el día 26 de febrero. Ese día, con toda Canarias en alerta por fuertes vientos, a Gumersindo Trujillo, alcalde de turno de este municipio, no se le ocurrió otra cosa que desalojar, basándose en un informe de la Demarcación de Costas de Tenerife y uno del propio ayuntamiento, que reconocen el peligro de desprendimiento en ese núcleo costero. La fecha del informe es del 29 de enero del presente año, justo un día antes de la tremenda riada que azotó las Islas.
Nadie le ha explicado a Gumersindo que si se quiere actuar de buena fe, motivado por la presunta preocupación por los vecinos, el desalojo no se hace mediante un "decretazo" del ayuntamiento, que para sacar a los vecinos en peligro no hace falta cortar el suministro eléctrico de sus viviendas, al igual que el agua potable y ni mucho menos el alumbrado público. Eso es potestad de la justicia.
La "tormenta perfecta" se presentó en Bajo la Cuesta con la firme decisión de desalojar las viviendas, cortar los accesos y dejar el terrero libre para actuar a Costas, pero Gumersindo ya no es creíble en muchas zonas de Candelaria, sobre todo después de lo ocurrido en Cho Vito.
Candelaria entera se pregunta cómo actuará esta tormenta, cuando llegue por el mar a la calle de La Arena, y si el decreto del ayuntamiento será igual de tajante y amenazador.
Deberías prestarle los técnicos del ayuntamiento al municipio vecino, El Rosario, ya que si se hubieran presentado técnicos municipales o de Costas en Tabaiba o Radazul (con la Ley de Costas en la mano, ambos núcleos son claramente dominio público) el día antes de las riadas, muchas personas podrían haberse evitado disgustos, al ser invitadas, y no por decreto, a desalojar temporalmente sus viviendas, por el peligro que se intuía.
Lo más curioso de Gumersindo es que cuando hablaba con los vecinos explicándoles el peligro de desprendimientos, agravados por el temporal, los vehículos municipales informaban del carnaval en Candelaria, los quioscos y la feria, montada frente al ayuntamiento, estaban abiertos y funcionando, y todo eso en alerta máxima. En fin, son cosas del tiempo, que en Candelaria ni con la utilización de las cabañuelas podríamos sacar una previsión de lo próximo de esta endémica "tormenta perfecta".
Antonio Alonso Orihuela
(Las Caletillas)
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD