Santa Cruz de Tenerife

Valleseco, un barrio del siglo XXI

Más de un siglo precede a este núcleo forjado con el esfuerzo de los inmigrantes de otras islas, que comenzaron a poblar sus laderas llamados por la otrora frenética actividad de la pesca y la agricultura.
ESTAMPA TRADICIONAL
28/feb/10 1:10 AM
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 desde la autovía de San Andrés./ jesús adán
desde la autovía de San Andrés./ jesús adán

TACHI IZQUIERDO, Tenerife

El barrio de Valleseco, situado en la península de Anaga, comprende en su núcleo otras zonas, como La Cardonera, El Rebolado, Las Cuevas, La Quebrada y los Naranjos Agrios. Su población actual es de algo más de 4.000 personas, lo que lo convierte en el segundo núcleo más poblado del distrito, aunque se espera un gran crecimiento demográfico una vez se ponga en marcha el PGO de Santa Cruz, que representará algo más del 70%, lo que supondrá incorporar unos 3.000 habitantes más.

El origen de Valleseco se forjó con marineros y agricultores, propietarios de fincas y terrenos que posteriormente fueron arrendando a los inmigrantes, principalmente gentes venidas de otras islas, de manera muy especial de Lanzarote y La Gomera, que poco a poco fueron construyendo sus propias viviendas.

La parte de La Cardonera, zona alta del barrio, fue poco a poco ocupada por hombres y mujeres procedentes de La Pared y La Fortaleza de Catalanes, núcleos de Anaga, mientras que, en la parte baja del barrio, comenzaron a establecerse los primeros gomeros, conejeros y majoreros.

Primeras viviendas

A principios del siglo pasado, las primeras viviendas se construían con madera y cartón piedra, chapas de zinc y otros materiales, además de ocupar cuevas junto al mar, en la zona donde hoy está la autovía de San Andrés, asentamiento que tomó el nombre de Las Cuevitas, que hoy en día están selladas con bloques.

Este grupo de primeros vecinos, que cada vez se fue haciendo más numeroso, vivía, prácticamente, de la pesca, aunque también de la recolección y otros trabajos que empezaban a ofrecer en el propio barrio y otras ofertas que surgían en la capital, muchas relacionadas con las labores del hogar. Estos emigrantes isleños venían con sus familias a trabajar en la cantera de La Jurada o en el saladero antiguo de Pelarre, aunque el sustento también venía del carbón, la costura o los servicios domésticos.

Con los primeros ingresos, vinieron las construcciones de viviendas con materiales más resistentes, que fueron ocupando solares que eran cedidos y comprados, una labor en la que, tanto el hombre como la mujer, arrimaban el hombro. La arena empleada se recogía de la playa, aunque en muchos de esos primitivos hogares también se empleó el barro, que se reforzaba con piedras y paja, muro que se remataba con planchas de zinc o bidones abiertos. Estos primeros pobladores trajeron consigo sus costumbres, pero también sus útiles más preciados, por lo que, a principios del siglo XX, llegaron a Valleseco los primeros camellos, que ayudaron a los vecinos en la ardua labor de cargar los bloques y materiales de obra para fabricar sus casas en las alturas del barrio y en la extensión de la ladera.

Uno de los grandes impedimentos fue el agua, que había que coger de los chorros que existían en el barrio, para luego cargarla en cubos y transportarla para poder amasar el material de construcción.

Los vecinos y la iglesia

Este barrio cuenta con una iglesia dedicada a la Virgen Nuestra Señora del Carmen, cuya imagen fue cedida por la empresa Pelarre. El templo se construyó piedra a piedra por los propios vecinos, quienes pidieron casa por casa, barrio por barrio, puerta a puerta y a las empresas para conseguir el dinero suficiente para poder comprar los materiales.

Con el paso del tiempo, Valleseco ha ido progresando. Aquellas calles que a mitad de siglo pasado aún eran de tierra, y donde todavía se lavaba la ropa en los barrancos y se usaba la pitera como jabón, o en las que el alumbrado era con candiles, empezaron a cambiar su fisonomía y costumbres.

En la actualidad, el barrio ha dado un giro radical de 180 grados. Los coches ya pueden acceder a casi todas las calles, incluso en las ubicadas en las zonas más altas y escarpadas, aunque falta, cómo no, aparcamientos suficientes, si bien las condiciones del terreno no permiten más aprovechamientos.

Las vías están asfaltadas y otras son peatonales, pero ya sufren el paso del tiempo y algunas de ellas, con casi un siglo de historia, requieren de una acción en profundidad, ya que han sido testigo mudo de los barrenos de la cantera de La Jurada o de los efectos del 31-M, que las han debilitado. También está pidiendo una asistencia urgente el alcantarillado del barrio, ya que ha pasado casi 50 años desde que se instaló, por lo que presenta fisuras y fugas en su interior, con el consiguiente problema para las casas fabricadas de manera escalonada por la inclinación de las laderas.

Apenas a cinco minutos del centro de la capital, Valleseco constituye un auténtico pulmón y un templo de la naturaleza, con senderos que son actualmente visitados por turistas y los propios residentes para acceder al Pico del Inglés, posibilitando el conocimiento de nuestra flora autóctona y donde, a través de su recorrido, se puede admirar un paisaje de un gran valor, al margen de las canalizaciones de agua de un valle a otro o, incluso, la importante presencia de ganado en diversas zonas del enclave.

También cuenta este núcleo de Anaga con un valor perenne, que cuantifica la amabilidad de sus gentes, no sólo con los extraños, sino con los propios vecinos, donde la ayuda y el apoyo de unos a otros es una forma de vida.

Los retos

Sin embargo, los retos de Valleseco son los que traerá el futuro, donde el proyecto de la playa constituye una de las acciones que aportará el desarrollo y el bienestar definitivo para la zona, ya que no sólo se contemplan las áreas de baño, sino equipamientos de ocio y servicios como nueva fuente de ingresos.

Además, la aprobación del PGO "posibilitará el desarrollo no sólo de nuevas edificaciones, que tendrán tres alturas, como el resto del barrio, sino equipamientos deportivos o un edificio de usos múltiples para albergar a los colectivos sociales ". Según el presidente de la Asociación de vecinos Siglo XXI, Luis Febles, cuentan con hasta once colectivos, una alta cifra que, a su juicio, se ve beneficiada por "estar, hasta cierto punto, abandonados en una zona privilegiada, pero donde aún hay muchas carencias".

Febles cree que, aunque el barrio incremente su población, "no habrá fricciones entre la forma de vida actual y la que está por venir, pues muchos de los jóvenes que se han ido están ahora deseando venir de nuevo cuando se empiece a construir, lo que garantiza nuestra identidad".