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Cartas al director

28/feb/10 01:10
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Después de la tormenta...

Resulta curioso comprobar cómo nuestro refranero, que habitualmente nunca falla, alguna que otra vez se columpia y no es en modo alguno reflejo de la realidad.

Tenemos ahora el paso del carnaval por la avenida de la Cuaresma hacia la Semana Santa, y aquí podría parecernos que se ajusta al desenlace de que llega la calma. Sin tener en cuenta que hay parcelas de este país en las que se desenfundan más tambores que aquí en todos los carnavales, y no hay que llegar a Calanda, patria del insigne Buñuel y tierra donde se dan unos melocotones de mucha categoría. Por un momento hay que tener en cuenta que la tamborrada se limita a 24 horas, pero sin un solo minuto de desperdicio. Y es motivo de ufanía para la gente joven enseñar las manos sangrantes, de golpear de forma inmisericorde el parche del tambor, donde también pueden verse las huellas de la batalla.

Evidentemente se cambia el ritmo, pero sólo por obligación. Resultaría más que chocante ver avanzar un paso al ritmo de una batucada, y lo digo con todos los respetos.

Pero no me negarán que hay escenas en ambas manifestaciones que no pueden ser equiparables en modo alguno. Esos mocitos andaluces que se despojan del capirote para poder llorar a moco tendido porque la caída de cuatro gotas desaconseja que pueda procesionar el paso de sus desvelos. La vulnerabilidad de un murga o una comparsa, por no referirme a la mascarita de a pie, es infinitamente inferior, aguantan lo indecible y no necesariamente porque estén animosamente confortados por el licor de los piratas.

Y qué me pueden decir de las tormentas de goles que sufren algunos conjuntos, sin querer señalar que tienen a sus aficiones sumidas en un mar de confusiones, tratando de encontrar de dónde se van a sacar los puntos para alcanzar esa cifra mágica que garantice la permanencia. Porque la temporada próxima se va a planificar con más detenimiento. Y son estas tormentas de las que difícilmente amainan, tal vez por falta de convicción o, lo que resulta peor, por falta de competencia.

Por desventura aún hay situaciones mucho más lamentables: ¿cuándo llegará la calma a nuestras islas vecinas?, ¿cuándo se acabarán de movilizar y de buscar acomodo a las miles de toneladas de tierra, piedras y, por supuesto, de coches y otros enseres que arrastraron las aguas cuesta abajo hasta el mismo mar?, y por último, ¿cuándo se tendrá la certeza de que las cifras de muertos y desaparecidos no se va a modificar?

Porque cuando se estudia el tema con un poco de detenimiento, te das cuenta de que mientras no se dé carpetazo al tema, todo se queda en la provisionalidad, y es fácil de comprender, porque, por muy técnico que se pueda ser en catástrofes, hay magnitudes difícilmente mensurables.

De todas las maneras, vamos a tener que habituarnos a estas catástrofes, a estos desastres que con diferentes colores nos avisan que amenazan a estas islas, bien por el estado del mar, aislando a las islas menores con puertos que, por lo visto, no reúnen las condiciones para ser utilizados en todas las situaciones; bien por los aires con vientos de velocidades considerables, o por el agua que cae de forma disparatada. Preparémonos de tal manera que la sorpresa pueda ser minimizada.

José Luis Martín Meyerhans

Independentismo en la Europa que nace

Desde hace una serie de semanas, un diario madrileño viene publicando los domingos unas entrevistas a personalidades internacionales acerca de un tema tan interesante como es, para los que vivimos por ahora en Europa, el que corresponde a "Para qué sirve Europa". Serie que comenzó nada menos que con la entrevista en París, donde reside, a Jorge Semprún, escritor y ministro del Gobierno de Felipe González. Como único español entrevistado, y en la que ha contado con relevantes personalidades como el Premio Nobel de Literatura Orhan Pamuk, turco, y el ex comisario europeo Christopher Patten, actual rector de la Universidad de Oxford, así como eminentes escritores y pensadores como Hans Magnus Enzensberger, poeta y escritor alemán; la actual vicepresidenta del Senado italiano Emma Bonino, el sociólogo y escritor francés Edgar Morin, para acabar con Claudio Magris, autor de la célebre novela "El Danubio", nacido en Trieste, donde reside y desde donde escribe. Todos ellos son fervientemente partidarios de una Europa integrada, con los matices necesarios para el mantenimiento de la propia identidad, y esta última entrevista especialmente interesante para nosotros, los canarios, donde este diario viene sosteniendo desde hace años una política de carácter independentista que muchos de sus lectores, me atrevo a pronosticar que la mayoría, no compartimos, pero que respetamos con la misma firmeza que otros la opuesta. Y en la esclarecedora entrevista última, y refiriéndose al fenómeno de los "particularismos", el escritor triestino nos dice:

"En este momento en España están emergiendo ciertos particularismos que no están bien organizados. Obviamente, no apoyo el centralismo franquista, pero la reacción actual no permite seguir adelante. Si una región mira solamente hacia dentro de sí misma, no sólo daña a España, sino que daña a toda Europa. Cada uno tiene su identidad, que puede ser triestina o aragonesa (o canaria, me atrevo a apuntar yo), que hay que tomar en cuenta sin ese delirio de aislamiento que va en contra de la integración y del diálogo. No quiero que se me malinterprete: yo escribí sobre muchos microcosmos, visité pueblos en los que no viven más de 800 personas. Pero hay que ponerlos en valor sin hacerlo en detrimento de otros".

Ni que decir tiene que, como español que soy y europeísta que me siento, comparto totalmente la opinión del escritor triestino y que, en definitiva, en esta España democrática en que nos ha tocado vivir y en este periódico que acoge también opiniones diversas, somos dueños de nosotros mismos, podemos opinar libremente con criterios no destructivos ni excluyentes y, finalmente, nuestros representantes elegidos democráticamente sabrán tomar en todo momento las medidas oportunas para la mejor defensa y desarrollo de nuestra provincia y nuestra patria. ¿Que soy un iluso? Es posible, pero me arriesgaré.

José Mª Segovia Cabrera

(Madrid)

El teguestero no se vende

Me ocurrió no hace mucho que un amigo se puso a leer una revista llamada El Teguestero, pensando que representaba el sentir y el día a día de Tegueste, y no salía de su asombro cuando allí sólo encontraba imposturas, noticias tendenciosas y otras claramente manipuladas para representar las ideas de la oposición socialista, aunque, bien analizada, no se veían ideas políticas concretas, sino ataques continuos al equipo de gobierno, el no por el no. En la mayor parte de las veces, cosas intrascendentes como la humedad de una pared por allí, unos carteles tirados por allá, etc., y aberraciones de incultura total, como cambiar el significado de las palabras canarias para darles un tinte político. Me dijo, y creo que tiene toda la razón, que le recordaba a la primera vez que cayó en sus manos la revista Atalaya, ya saben, la de los testigos de Jehová, pensando en que representaba el sentir cristiano y se encontró con cosas incongruentes que, confrontándola con la Biblia oficial, vio que sólo encarnaba a una secta que había manipulado los versículos y añadido otros a su antojo. Algo muy parecido acaba de ocurrir con ZP y la amputación interesada del libro del Deuteronomio.

Aquí claramente, una vez más, se puede observar que los llamados socialistas de Tegueste vienen engañando al pueblo llano desde hace varios años, usando en su revista el nombre de El Teguestero, adjudicándose una representación y un sentir que no tienen ni que tendrían, aunque hubiesen obtenido el cien por cien de los votos.

La palabra teguestero es un gentilicio, es decir, un adjetivo o nombre que expresa el lugar de origen o la nacionalidad. En consecuencia, la palabra teguestero, como gentilicio que es, no se puede registrar, lo dice la Oficina Española de Marcas y Patentes. Y si no se puede registrar, no está en venta y no es propiedad de nadie salvo del pueblo al que define.

En el marco legal de las franquicias, patentes, marcas y derechos de autor se puede leer: "No pueden registrarse como marcas las denominaciones geográficas, mapas, gentilicios, nombres y adjetivos que indiquen la procedencia geográfica de los productos o servicios y puedan originar error o confusión en cuanto a su procedencia". Igualmente, queda establecida su prohibición para el uso por Internet en la Orden CTE/662/2003, de 18 de marzo, por la que se aprueba el plan nacional de nombres de dominio de Internet bajo el código de país correspondiente a España (".es"). (BOE 26-03-2003, núm. 73).

Así que, de lo anteriormente expuesto, se puede deducir que el PSC de Tegueste -quiero pensar que por ignorancia- podría estar haciendo un uso tramposo del gentilicio, por lo que debería inmediatamente corregir esta apropiación indebida y buscarse otro nombre para su revista. Si no lo hace así y permanecen en su intransigencia debería ser la asesoría jurídica del Ayuntamiento de Tegueste, o quien proceda, quien estudie el tema y, si se estuviese en lo cierto, conminar al PSC a hacer el cambio que ponga las cosas en su verdadero sitio. En cualquier caso, sea legal o no, la próxima revista que caiga en nuestras manos, y tan sólo por su título (que también por su contenido), ya sabremos, por si alguien lo ignoraba, que están intentando manipularnos.

Artemio

 

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