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FRANCISCO JOSÉ SANTOS MIÑÓN

Desde mi observatorio...

26/feb/10 08:33
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SI BIEN la situación política nacional y local continúa con una actividad, yo diría que frenética, con un índice de paro muy preocupante y con muy difícil solución, a mi entender, con el equipo que actualmente nos "gobierna", más preocupado de conseguir los votos necesarios en el Congreso para sacar sus propuestas adelante, al precio económico o político que sea, sin importarle demasiado el estado de postración, en todos los sentidos, en que nos encontramos y tratar de buscar soluciones, aunque sean impopulares a la crisis general en que estamos, pues bien, hoy voy a descansar de comentarles esta situación y voy a hablarles de la Cuaresma, que, como católicos, hasta ahora la mayoría de la población, también nos debe interesar.

En la Iglesia Católica la Cuaresma es una época de penitencia y ayuno; comprende 40 días, desde el Miércoles de Ceniza, en que al imponernos un poco de ceniza en la frente se nos recuerda que somos polvo y en polvo hemos de convertirnos, exhortándonos a convertirnos y creer en el Evangelio, hasta la Semana Santa, que comienza con el Domingo de Ramos, este año el 28 de marzo, hasta el Domingo de Resurrección, el 4 de abril. La Cuaresma se realiza a imitación de los 40 días que Jesucristo pasó en el desierto y fue tentado por Satanás. Según el evangelio de San Lucas 4,1-13, que dice: "En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y durante cuarenta días lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo. Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre. Entonces, el diablo le dijo: "Si eres Hijo de Dios, dile a esa piedra que se convierta en pan". Jesús le contestó: "Está escrito: no sólo de pan vive el hombre". Después, llevándolo a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo, y le dijo: "Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo". Jesús le contesto: "Está escrito: al Señor tu Dios adorarás y a Él sólo darás culto". Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: "Si eres Hijo de Dios, tírate aquí abajo, porque está escrito: "Encargará a los ángeles que cuiden de ti"; y también: "Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras". Jesús le contestó: "Está mandado: no tentarás al Señor tu Dios". Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

El tema de la fidelidad de Jesús es muy importante hoy, porque las seducciones de la vida y de los acontecimientos están a la orden del día, también para cada uno de nosotros; lo sabemos por experiencia, pero debemos anotar cómo respondió Jesús a las tentaciones: fue fiel al Padre sin dudarlo. El diablo lo tienta con temas lógicos, con el alimento, pues llevaba 40 días de ayuno; con el poder, y por último le pide que use sus poderes para que sea reconocido como Hijo de Dios. Todas las rechaza Jesús y permanece fiel al Padre.

En esta crisis en que nos hallamos inmersos, en gran parte debida a problemas financieros y económicos -muchos de orden técnico que se escapan a nuestras actuaciones, también sociológicas, políticas y jurídicas-, no explican en su totalidad el gran fracaso de nuestra sociedad consumista actual. Hay que buscarlo también en el ámbito de nuestras consciencias y en el uso de nuestras libertades, actuaciones ético-morales, espirituales y de valores en suma, con un ejercicio auténtico, veraz e insobornable de la responsabilidad personal y colectiva. Según Benedicto XVI en "Cáritas in veritate", "se necesitan unos ojos nuevos y un corazón nuevo que superen la visión materialista de los acontecimientos humanos y que vislumbren en el desarrollo ese algo más que la técnica no puede ofrecer. Esto exige una conversión personal, social, cultural, política y jurídica incluso. Conversión de las conciencias a la justicia y a la caridad? es necesario promover la justicia social y solidaria, asegurando un mínimo de moralidad en las relaciones económicas, sociales y políticas (Alfa y Omega 18-12-2010)", y todo ello podríamos intentarlo en esta necesaria meditación cuaresmal.

Cada año, con ocasión de la Cuaresma, la Iglesia nos invita a una sincera revisión de nuestra vida a la luz de las enseñanzas evangélicas. El Papa Benedicto XVI, que este año ha tomado como lema cuaresmal "La justicia viene de la gracia", manifestándose la justicia de Dios por medio de la fe en Cristo, termina su mensaje diciéndonos que "este tiempo penitencial sea para todos los cristianos un tiempo de auténtica conversión (siempre la misma idea) y de intenso conocimiento del misterio de Cristo, que vino para cumplir toda justicia".

La Cuaresma tiene, según Alfonso Simón, una rica historia en la liturgia cristiana. Desde el inicio, era el tiempo de la preparación definitiva de los catecúmenos que iban a recibir el bautismo, administrado en la Vigilia Pascual. Hacia la mitad del siglo II, aparece en la Iglesia la preparación de la Pascua, entendida como memoria de la muerte salvífica de Cristo, y adquiere especial valor la práctica del ayuno, sobre todo el Viernes y el Sábado Santos. La preparación de 40 días a la fiesta de la Pascua se introduce a inicios del siglo IV, y comienza el primer domingo de Cuaresma. Cada vez se convence más el pueblo cristiano de que el ayuno es la más importante y casi la única manera de prepararse a la Pascua. Desde el siglo VII el Miércoles de Ceniza señala el inicio del tiempo cuaresmal. La imposición de la ceniza aparece en el siglo IX y va unida a la penitencia pública. Completaban el ayuno la oración y la limosna. Las dos últimas semanas se dedicaban, sobre todo, a la meditación de la Pasión del Señor, que en la conciencia de los fieles llega a constituir el centro de la espiritualidad de este tiempo santo, llevándolos a la "conversión".

Como hemos podido ver, la Cuaresma está en nuestros orígenes, desde el principio de nuestra era, ¿hasta cuándo? Esta pregunta viene a cuento de esta época laicista en que estamos inmersos, con prohibición incluso de nuestro signo más querido, el crucifijo, en los lugares públicos. ¿Hasta cuándo los cristianos católicos vamos a permanecer impasible ante este derroche da laicidad activa contra nuestras creencias y la Iglesia, que nos ha dado consuelo y ayudado en tantas ocasiones? Y que hoy en día, con la terrible crisis que padecemos, está realizando una importante labor asistencial y social en España y a nivel mundial, sin distinción de razas o credos. Los creyentes, desde su ámbito de posibilidades, deben manifestar su derecho dentro de una libertad de conciencia a sus propias creencias y a poder ejercerlas libremente.

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