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La lechería Lolita, la penúltima cruzada

El empeño de los hermanos Eladia, Dolores y Casimiro por defender su propiedad, la antigua lechería Lolita de Salud Bajo, ha logrado una primera victoria en los tribunales, la condena del ex gerente de Urbanismo. Un desgaste y una lucha que sólo los satisface por haber podido frenar a la Administración.
21/feb/10 07:59
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TACHI IZQUIERDO, Tenerife

Eladia Rodríguez Perdomo recibía a principios de este mes una noticia muy esperada desde el año 2007, pues su cruzada contra la Gerencia de Urbanismo, por la expropiación de su propiedad en la calle Salvador Pérez Luz de Salud Bajo, la conocida lechería Lolita, a la vera del barranco de Santos, ha logrado una primera victoria en los juzgados.

En la sentencia sobre este caso, que aún es recurrible, y en la que también son parte sus hermanos Dolores y Casimiro, se condena al que fuera gerente de Urbanismo en esa época, José Tomas Martín, ahora secretario municipal en Tegueste, a nueve meses de prisión y a la inhabilitación para cargo público por un delito de coacciones al ordenar a una empresa constructora la entrada a dicha propiedad para derribar parte de la misma sin tener permiso judicial.

Eladia confesaba esta semana que sintió "alegría" con el fallo, pero a la vez reconocía que "hay muchas cosas que hay detrás que no se dicen", pues cree que durante este proceso judicial "se han dicho muchas mentiras y hay gente que sabía cosas que no se ha atrevido a decir", al margen de "las muchas trampas que estaban escondidas, porque yo no abandonaba mi propiedad porque ni quería el acuerdo que me planteaban ni estaba conforme con el dinero que me ofrecían".

Sin cobrar el justiprecio

Además, esta propietaria recuerda que en julio del año pasado "salió la sentencia sobre el justiprecio por la expropiación, y a estas alturas aún no nos han pagado por mi casa". A pesar de que el juzgado ya ha fallado a su favor, aunque el proceso no está cerrado, "ni a mí, ni a ninguno de los de mí casa nos compensa en absoluto, porque lo que me queda por dentro no me lo va a compensar jamás el señor José Tomás, ni ninguno de los de Urbanismo".

De los días de vigilia para evitar el paso de las palas mecánicas a su propiedad, Eladia Rodríguez recuerda "que cada día me amenazaban con entrar, hasta que lo hicieron", una lucha infructuosa porque de lo que fue su casa, ahora sólo quedan acueductos y vías dentro del proyecto del barranco de Santos, "y en esos terrenos está todo lleno de vallas porque no están acabados esos proyectos".

Para ella, esta resolución judicial "ha hecho justicia porque les ha demostrado a estas personas de Urbanismo que no son dioses y que no pueden hacer lo que les da la gana, que fue lo que más o menos me dijeron cada vez que hablaba con ellos". Así, recuerda que la "Justicia también ha sido algo dejada", porque "por orden judicial me dieron tres meses para desalojar mi casa, pero ellos entraron a los tres días. Ahora ha pasado todo este tiempo, y estoy esperando por que alguien se preocupe por lo que he hecho y dónde he estado en este tiempo, porque todas mis cosas estaban dentro de la casa".

Tras el derribo de la antigua lechería Lolita, Eladia explica que ha estado viviendo en casa de una amiga o en la de su hermana Dolores, que "es algo que, por lo que veo, no tiene compensación", aunque descarta más acciones judiciales "porque me he cansado de tanto luchar". Sin embargo, demuestra cierta satisfacción por el momento al que ha llevado a su proceso de expropiación, puesto que "a pesar de que sabía que me tenía que ir, de la forma que lo intentaron no era manera, pues a la gente de la zona que también expropiaron no les han resuelto nada todavía, ni han limpiado el solar donde se supone que les iban a construir sus viviendas de reposición".

Ahora, con una sentencia en primera instancia a su favor, cuando se le pregunta por lo que le diría al que fuera gerente de Urbanismo a estas alturas, Eladia no dudó en decir que "ojalá que no me lo encuentre, porque me gustaría que pasara lo que nosotros hemos sufrido, y no sólo él, sino otras personas de la Gerencia, porque nos han tratado como si pidiéramos limosna y demostrándonos que ellos tenían el poder. Algunos técnicos de Planificación nos trataron como si viviéramos en una cueva, pero ahí siguen tratando a la gente con todo su cinismo, pero yo sigo aquí y la ley me ampara, por lo que se ha visto".

Ella salió de su casa el 9 de abril de 2007, aunque su hermana lo hizo en noviembre de 2006, pero ahora quiere "hacer borrón y cuenta nueva y que me dejen en paz, y que me paguen lo que se determinó por el justiprecio hace casi un año, aunque nada me compensa ni quiero entrar en más luchas porque estoy cansada, ya que mi vida ha cambiado por completo desde entonces".

Su única satisfacción "y el único consuelo que me queda es que se puede demostrar que la Administración no puede hacer lo que le dé la gana, pero demostrar eso también tiene un coste y en este proceso, en el fondo, salgo perdiendo".

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