EL DÍA, Tenerife
Jon Díaz López tiene 31 años y es natural de Gasteiz (Euskal Herría), aunque lleva prácticamente toda su vida, 21 años, en Puerto Cabras, Mahoh, (Fuerteventura). Afirma que su primer contacto con el nacionalismo fue a principios de 1998 cuando ingresó en el Colectivo Vacaguare. En el año 2000 empezó a militar en Intersindical Canaria, del que ha sido miembro de la Secretaría Nacional y ahora de la Insular. Desde el punto de vista político, simpatiza con los principios de Asamblea Majorera, y desde hace un año milita en Alternativa Nacionalista Canaria (ANC).
La ONU fijó 2010 como fecha límite para erradicar el colonialismo en el mundo. ¿Conseguirá el Archipiélago la independencia en esa fecha? Si España no accede, ¿qué medidas debe adoptar el pueblo canario?
En primer lugar he de decir que no soy muy amante de poner fechas para erradicar nada, máxime si viene de un organismo como la ONU, ya que es una marioneta más de este sistema mal llamado democrático; y digo marioneta puesto que la Asamblea General -compuesta por casi todos los países- sólo hace recomendaciones y no toma decisiones, ya que estas recaen en el Consejo de Seguridad, que esta compuesto tan solo por cinco países que, a su vez , deciden entre otras cosas, si una guerra o invasión es "legal" o "ilegal", dato a tener en cuenta, puesto que estos países son a su vez los mayores productores y vendedores de armas del mundo. Dicho esto, es Canarias y, por ende, su pueblo el que debe de marcar su futuro. En ese sentido, y desde hace décadas, está caminando esta nación en la cual el sentimiento canario es mayor que el español, como reflejó no hace mucho tiempo una estadística de ámbito estatal.
¿Qué diferencia supone la independencia para Canarias frente a su situación actual en temas como la ampliación de la zona económica exclusiva marroquí, la explotación de recursos naturales o la eventual extracción de petróleo de las aguas marinas?
Si Canarias fuera un Estado soberano y libre, en primer lugar no tendría injerencias externas ni imposiciones de multinacionales extranjeras. En segundo lugar, tendríamos buenas relaciones con nuestros vecinos continentales, sin descartar la explotación de los recursos, tanto marinos como energéticos o petroleros, de forma consorciada, mancomunada o mixta; siempre y cuando favorezca a ambos Estados y sin que una parte imponga a la otra. En tercer lugar, Canarias debe decidir, de forma urgente, qué modelo económico debemos defender, como alternativa al turismo de masas, y ver cuál es el modelo de desarrollo sostenible del que nos tenemos que dotar para no dañar al medio ambiente ni a los/as ciudadanos/as. Lo que está claro es que no podemos continuar sin decidir sobre la explotación de nuestros recursos.
¿Una Canarias independiente podrá delimitar de igual a igual sus fronteras con Marruecos y el resto de los países del entorno, incluido Portugal?
No es que pueda, sino que debe hacerlo como todo Estado libre que se precie. Cuando hablamos de un país independiente lo decimos con todas las consecuencias, y esto es, no sólo en el plano económico -como a muchos les preocupa-, sino también a la hora de delimitar su espacio aéreo, marítimo y terrestre.
¿Qué ventajas aportaría a la economía canaria la independencia?
Precisamente eso último, es decir, la no dependencia que tenemos en estos momentos del exterior para casi todo, fruto de una clase política que no ha sabido ni ha querido exigir a las grandes empresas foráneas que operan aquí que paguen sus impuestos o domicilien aquí sus empresas, pero que, por contra, sí han sabido perfectamente crear sistemas maquiavélicos -Reserva de Inversiones en Canarias, Régimen Económico de Abastecimiento...- que, en la práctica real, vienen a ser fórmulas de evasión de impuestos, transformando así Canarias en un paraíso fiscal encubierto. En definitiva, no se puede dejar recaer todo el peso de un país en un solo sector, pues si no se diversifica la economía, seguirán existiendo estas diferencias entre la sociedad y permaneceremos a la cola de todo como hasta el día de hoy.
¿Qué futuro tiene la independencia con Coalición Canaria o con cualquier otro partido, ex cluidos los de ámbito estatal, en el Gobierno de las Islas?
Hay que partir de la base de que la independencia en sí es el futuro para Canarias, otra cosa bien distinta es la manera que se tenga de enfocar dicha independencia, es decir, no todo vale, y eso es lo que, por ejemplo, ha hecho, hace y seguirá haciendo Coalición Canaria (CC) con este pueblo y en que el futuro del mismo no pasa por ellos con o sin independencia; al menos así lo han demostrado en los casi 20 años de Gobierno. Somos conscientes del gran potencial que esta nación tiene para vivir holgadamente y ese potencial es por el que debemos apostar y vamos apostar, como por ejemplo, en que este pueblo tenga una soberanía alimentaria o energética total entre otras, ya que el Archipiélago posee condiciones de sobra para ello.
¿Cree que los jóvenes de CC terminarán dando un giro soberanista a esta formación?
No, lo que sí creo es que ciertos jóvenes, impulsados por ese sentimiento nacionalista del que antes hablaba y sin estar cegados por la codicia, puedan dar propiciar ese cambio. Por suerte, no todos los jóvenes de este Archipiélago son de Coalición y con ese dato a nuestro favor, además del trabajo bien hecho, es con el que contamos.
¿Qué opina de aquellos que dicen que hay que esperar por la independencia? En caso de ser así, ¿en qué quedaría el plazo señalado por la ONU, porque el estatus de colonia de Canarias es indubitable?
La esperanza no nos devolverá la libertad que una vez le fue robada por medio de la fuerza a este pueblo, ya que los derechos no se regalan ni se ceden, sino que se conquistan, y esa conquista se gana a base de lucha, esfuerzo y sacrificio. No hay fórmulas ni varitas mágicas; en estos procesos está todo escrito, lo único que cambia son los escenarios y los protagonistas.
¿Hasta qué punto la división entre las fuerzas nacionalistas canarias ha frenado la independencia de las Islas?
Creo que la división entre las organizaciones nacionalistas no ha frenado la independencia, sino que más bien la ha reforzado, porque de dichas divisiones se han creado partidos más fuertes, definidos y estructurados que antes. La división en sí te da ese toque de madurez que de no ser así este proceso, al igual que otros, fracasaría. No obstante, Canarias no será el primero ni el último pueblo que para lograr su independencia no pase antes por divisiones internas.
¿Cree que la crisis internacional favorece las reivindicaciones soberanistas? ¿Qué pasa en el caso concreto de Canarias?
He de decir, aunque suene contradictorio, que las crisis vienen bien, pues marcan un punto de inflexión para decidir hacia dónde queremos ir, y es una señal inequívoca de que en algo se ha fallado. Y en este caso, lo que ha fallado es el sistema capitalista, en el que lo único que le interesa al mismo es sacar el máximo beneficio para unos pocos con el sacrifico de muchos, y por eso tenemos esas desigualdades tan brutales en las que la clase media prácticamente ha desaparecido, dando lugar a un mundo de ricos o pobres. Por eso, en un archipiélago como Canarias, donde tenemos cerca de 300.000 parados, donde cerca de medio millón de personas viven bajo el umbral de la pobreza (datos de Cáritas Diocesana), o donde casi un cuarto de millón de la población mayor de 16 años, de los dos millones que somos, es analfabeta o no tiene estudios -datos del Instituto Canario de Estadística (Istac) y del Instituto Nacional de Estadística (INE)-, las crisis no favorecen, sino que agudizan dichas reivindicaciones.
¿Es viable la economía de las Islas sin las ayudas europeas?
Por supuesto, pero para ello deben darse una serie de pasos previos, y es el desarrollarnos como pueblo en todos los aspectos. Por eso la independencia es el camino para lograrlo. Europa nos ha traído muchas subvenciones, pero como contrapartida de no poder desarrollarnos, entre otros como exportadores de tomate, plátano..., ya que te limitan o restringen la producción. A raíz de la entrada en la CEE, Canarias perdió ciertos privilegios económicos y fiscales de los que gozaba antes de la misma a finales de los ochenta. Y esto sin olvidar también la militarización a la que hemos y seguimos siendo sometidos, tanto por el ejercito del Estado español como el de la OTAN, teniendo aquí en Canarias una de sus bases y plataformas preferidas por ambos organismos para sus jueguecitos, saltándose así todas las manifestaciones y concentraciones hechas por este pueblo en contra de la militarización sistemática de las Islas, así como el referéndum del año 1986, donde Canarias votó no a la OTAN, y que, como siempre, no respetaron.
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