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MIÉRCOLES, 17 DE FEBRERO DE 2010
ENRIQUE MARTÍN BRAUN

PGO subterráneo

ESCRIBIMOS la pasada semana sobre los efectos que el último temporal atlántico dejó sobre el territorio canario. No acaba aquí el peligroso episodio porque los que entienden de los fenómenos meteorológicos anuncian, sin ningún tipo de tapujos y con medios técnicos inadecuados, que estas indeseables visitas de lluvia y viento se repetirán cada vez con mayor frecuencia. Y lo realmente incomprensible para el ciudadano de a pie es que continúan empantanadas, desde hace muchos años, las obras de infraestructuras absolutamente necesarias para que muchos vecinos, en situación de riesgo por incumplimientos de ilustres ineptos, puedan dormir tranquilos después de que los barrancos vuelvan a convertirse en los verdaderos cauces de las aguas. Es ya intolerable que queden al descubierto las graves carencias en infraestructuiras que padece nuestro Archipiélago, fallos bucrócratas que, un día de un año para olvidar, causaron la muerte a ocho conciudadanos. Si esto no es para despertar conciencias y remover cargos consolidados a perpetuidad, no se sabe muy bien por qué; habrá que pensar en otras soluciones que sitúen a cada cual en su sitio... si es que hay sitios para cada cual. Lo sucedido en el barranco de El Hierro, hecho que ha pasado desapercibido entre la mayoría de la población, es de juzgado de guardia. De milagro (otra vez tenemos que recurrir a esta expresión) no se produjo un suceso gravísimo que hubiera afectado a cerca de ocho mil alumnos de los colegios de Las Dominicas y Jules Verne, además de los del Conservatorio y de la Escuela de Actores de Canarias. Los responsables de lo que pudo haber pasado continúan durmiendo tranquilamente, y desde las diferentes administraciones se ha guardado un preocupante silencio. Ningún cargo público ha realizado manifestaciones que expliquen lo sucedido en aquella zona y que tiene relación con la desidia tras desidia de irresponsables que se sientan tras una mesa. Simplemente, viven en un mundo irreal donde las obras que perjudican a la seguridad del común no les merecen, según los resultados que han saltado a la vista, la atención que todos esperamos.

Somos de los chicharreros que no renunciamos a pasear por nuestro querido y destrozado litoral marítimo. Los distintos artistas que han venido desfilando por las diferentes administraciones implicados en el asunto han trabajado con verdadero entusiasmo para que Santa Cruz quede, para siempre, aislada de la mar. Es un esfuerzo que nosotros y las generaciones futuras tendremos que compensar de alguna manera. Por ejemplo, invitándoles a marcharse de la vida pòlítica con un voto de castigo que incluya la asistencia al acto de la quema de su amada poltrona... conervada con colosal indignidad durante tiempo y tiempo. Nuestras frecuentes caminatas a la vera de los barrios de Valleseco, María Jiménez o San Andrés, sin dejar de mirar y admirar los caseríos que se esconden valles arriba, nos infunden ciertos sentimientos de irritación ante el abandono de sus ifraestructuras, que no tiene fin, y el sombrío recuerdo hacia aquellos que han olvidado que estos núcleos urbanos forman parte de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife y de que sus habitantes pagan los mismos impuestos que los que viven en el centro.

Parece que nuestra bienamada Gerencia de Urbanismo atraviesa, en estos momentos, una etapa histórica con los "fuera de ordenación", olvidandio así todos los múltiples problemas del municipio, incluidos los de los barrios citados. Por tanto, parece incapacitada para abordar un tema que apuntábamos aquí mismo la pasada semana. Es evidente que la posibilidad de merma en un edificio no es el problema primordial, después de que el Parlamento regional instara al Ejecutivo canario a modificar las leyes del territorio, con lo que la dichosa figura urbanística quedaría "matizada" (es probable que un día podamos entender este eufemismo). La cuestión radica en buscar a un equipo técnico dispuesto a redactar un Plan general de Ordenación... Subterránea. Esto es, el soporte que sea capaz de conformar el desarrollo y organización de una ciudad que se aleje, por descontado, de lo hasta ahora diseñado. Simplemente, no sirve. Una ciudad como la nuestra ha estado, y está, en manos de una serie de señores que muy poco han tenido en cuenta lo que circula por debajo de nuestros edificios y construcciones, negando que un día lejano en el tiempo y en las especulaciones conformaron una hermosa capital marinera con una importante historia ligada a su litoral, ahora transformado, formidablemente, en asentamiento de contenedores.

 

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