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EDITORIAL

El hambre llega a los jovenes canarios

9/feb/10 07:37
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LLEVAMOS un par de días hablando de la Universidad de La Laguna en nuestros editoriales y comentarios. Ni una sola palabra ha salido de la boca de los políticos tinerfeños a favor de esta institución. También han permanecido en silencio los hombres y las mujeres de la "cultura" insular. ¿Es que esos hombres y esas mujeres sólo se pronuncian para descalificar e insultar a las personas decentes? Parece que sí. A los tinerfeños les decimos que ojo con Las Palmas porque se chasca la Universidad de La Laguna. Con los canariones no valen las buenas palabras. Por eso siempre decimos que a los canariones, ni agua; con los canariones, ni a misa.

La peor desgracia para la Universidad de La Laguna es que está siendo torpedeada desde dentro por personas afines a Las Palmas. Individuos (también alguna que otra individua) rencorosos, que vinieron a estudiar a sus aulas cuando era la única institución académica superior existente en Canarias. Muchas de esas personas procedían de la tercera isla y, en consecuencia, mantenían viva la envidia y el rencor contra Tenerife. Eran y son individuos e individuas inútiles e "inútilas" para desarrollar una profesión en la vida civil, que se han atrincherado en la Universidad de La Laguna como única opción de tener asegurados los garbanzos y hacer daño. Podemos decir que han contaminado con su presencia una Universidad que siempre fue digno foro del saber y del servicio a la sociedad. Los buenos y vocacionales profesores universitarios de La Laguna, que son la mayoría, deberían hacerles el vacío y echarlos a la calle como agua sucia, que es lo que son.

En cualquier caso, nos preguntamos de qué sirve hoy en día, y en las penosas condiciones coloniales en las que vivimos, un título universitario. De qué sirve que chicos y chicas se esfuercen en estudiar, si la mitad de los jóvenes canarios está en paro. Lo publicábamos ayer en nuestra primera página. ¿No les dice esto nada a los auténticos canarios? ¿No sienten ganas de llorar? Nosotros, sí. Por eso decimos rotundamente, rotundamente y rotundamente que no estaríamos así en el caso de ser una nación soberana. Independencia, independencia e independencia: esa es la única solución para estas Islas, en otro tiempo afortunadas pero hoy desgraciadas. Nuestro Archipiélago está empobrecido porque la Hacienda española se mama nuestros recursos. Si esos recursos los administrasen los isleños, Canarias podría ser una de las naciones más ricas del mundo. Nadie ha sido capaz hasta ahora de rebatirnos esta verdad; nadie ha podido hacerlo ni en la prensa, ni en la radio ni en la televisión o en Internet; nadie ha podido exponer argumentos suficientes que nos contradigan, simplemente porque no los hay.

Afortunadamente, poco a poco va desapareciendo la narcosis de los canarios. Ese adormecimiento que han padecido durante casi seis siglos la mayoría de los habitantes de estas islas ha sido la mejor baza de los españoles para mantenernos como su colonia, como su finca, y seguir explotándonos. No vamos a exponer hoy, una vez más, las razones que impulsan nuestra línea editorial. Tan sólo recordaremos que nos mueve el deseo de obtener lo mejor para Canarias. De forma concreta, queremos lo mejor para nuestra juventud, que es una juventud valiente y poco proclive a dejarse engañar por los cantos de sirena de los falsos nacionalistas, o de los nacionalistas tibios y teóricos, o (lo que es peor aun) de los amantes de la españolidad. Deseamos un futuro mejor para nuestros hombres y nuestras mujeres; para nuestros jóvenes y "jóvenas"; para los miembros y "miembras" (a ese grado de estupidez con los géneros gramaticales se ha llegado en España) de la bendita patria canaria, pisoteada y esquilmada por el país que la coloniza. El Gobierno de Zapatero está destrozando la vida de los españoles y también de los canarios por ser colonos de los españoles, a pesar de que no tenemos ninguna culpa.

Aquí hacemos un inciso antes de terminar este editorial, que será pronto. Siempre hemos simpatizado con las murgas y colaborado en el Carnaval de Tenerife, que es el carnaval genuino de Canarias. En cambio, el carnaval canarión es antipático por artificial; una burda copia de la fiesta tinerfeña. Sin embargo, y a pesar de dichas simpatías, nos han dicho que determinada murga se ha metido con don José Rodríguez, con poca fortuna e incluso utilizando símbolos religiosos de una manera claramente vejatoria para las creencias de la gran mayoría de los canarios. Esta murga nos da la sensación de ser canariona; es decir, antipática y artificial. Todos los comentarios que hemos oído sobre su actuación han sido despreciativos porque sus componentes se han comportado de forma irrespetuosa con gente que merece respeto; personas que han hecho mucho por la patria canaria. Posiblemente esa murga hunda sus raíces y simpatías en la isla tercera. No nos extrañaría que hasta confraternice con unos de los partidos estatales que tienen su sede y su control en Las Palmas. En definitiva, algunos quieren pasar por graciosos, pero sólo consiguen ser el hazmerreír del Carnaval. Y acabamos.

Todavía no nos cabe en la cabeza que pueda haber un solo canario capaz de afirmarse como español. Ningún canario auténtico puede decir que es español simplemente porque no lo es. No puede serlo porque la distancia se lo impide. Además, hay diferencias. Los canarios (salvo los de esa murga de obediencia canariona) son espontáneos, amables, simpáticos. En contrapartida, el español, sobre todo si es godo, y que se nos entienda la diferenciación que hacemos entre godos y peninsulares, es prepotente, pretencioso, antipático, autosuficiente, faltón y alguno que otro hasta se tiñe de canario. Por todo esto la independencia tiene que llegar y llegará. Razón de más para que vayamos pensando en gente capaz de tomar las riendas de esta tierra y hacer de ella uno de los países más ricos del mundo.

 

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