ACUDÍ raudo a la llamada de mi amigo Pelicar. Cuando llegué a la cafetería del hotel Nivaria, donde, como ya he mencionado en otras ocasiones, nos reunimos un grupo de amigos en una amena y distendida tertulia, encontré un rostro desconocido que rápidamente me fue presentado como un nuevo tertuliano: "Encantado de tenerte en nuestra tertulia, este es Azuquahe, pero todos le llaman Azu". Pelicar fue el encargado de presentárnoslo al grupo. Lo acogimos con complacencia y nos dispusimos a escucharlo, ya que Pelicar nos había indicado que el ya compañero de tertulia andaba de capa caída porque se le había quedado una hija en el paro. Bienvenido al club, amigo.
Espero que tu hija, le dijo Ruymán, no sea la que ha completado la cifra vergonzosa de los 4.000.000 millones de parados/paradas que existen en España o la de los casi 300.000 que ya hay en Canarias. Sinceramente, no entiendo cómo una sociedad desarrollada, democrática y moderna puede permitirse este lujo sin que se produzcan dimisiones o sin que rueden cabezas políticas por doquier. Y encima, para redondear el absurdo general, más de un treinta y pico por ciento de los españoles/españolas, supongo que serán de los que aún conservan el empleo, siguen apoyando al de la ceja y al partido que lo apoya.
Lo que más me joroba, añadió Rayco, es cómo los que están en el poder y, de alguna u otra forma, tienen cierta responsabilidad en todo este caos eluden su propio compromiso con el electorado, echándose la culpa unos a otros: los de los ayuntamientos responsabilizan a los cabildos o a las diputaciones, éstos al gobierno autónomo de turno, y éste, invariablemente, dice, independientemente de las transferencias delegadas de las que ya dispongan, que la culpa siempre es del que está en Madrid. Y mientras tanto, añadió Pelicar, el ciudadano-currante sigue sufragando con sus impuestos el dispendio de los 17 reinos de taifas, más el despilfarro, cuando no directamente la malversación, de nuestros impuestos a manos de una serie de impresentables que, más que servir a la sociedad, se están sirviendo de ella para enriquecerse; no sólo ellos, sino a cuantos tienen a su alrededor.
¿Y, por cierto, Azu, y tu hija cómo se ha tomado esto del paro? Pues con resignación y amargura; otra cosa no le queda. Al menos, ¿cobrará alguna prestación mientras busca otra cosa?, le preguntó Ruymán intentando darle ánimos al nuevo contertuliano. Bueno, no creo que llegue ni siquiera a formar parte de la cola del paro, le contestó con rintintín Azu; por lo menos, así se ahorrará la vergüenza de tener que hacerle la ola al de las cejas. Lo más seguro es que la contrate en una de mis empresas.
Al escuchar esto último, "algunas de mis empresas", pronunciado con cierto aire de vanidad, los demás le miraron con asombro. Sí, yo aún tengo empresas, y siento deciros que no estoy de acuerdo con vuestras críticas. ¿Y qué tipo de empresas tienes?, le preguntó Beneharo ante la sonrisa de Pelicar, que sabía de qué iba todo lo relacionado con el nuevo contertuliano. Pues, bueno, en realidad es complicado de explicar. En concreto tengo una empresa que se dedica a gestionar las subvenciones de ciertas fundaciones y asociaciones. ¡Ah, córcholis!, exclamó Ruymán. ¿Y de quiénes son esas fundaciones y demás que has mencionado? Pues mías. ¡Ohhhh! Se sintió un clamor entre todos los asistentes. ¿Pero eso se puede hacer?, preguntaron. Se puede porque yo, de hecho, lo hago. ¿Y es legal? No lo he preguntado. ¿Y cómo se llaman esas entidades y cuánto dinero obtienes? Pues las hay de todo tipo: tengo una que se denomina el Fórum por la Memoria Histórica de los Primeros Pobladores, por la que el año pasado me dieron una subvención de 40.000 euros. ¡Ohhhh! Luego está la Fundación El Jardín de Nava, que se encarga del estudio de la supuesta influencia de la invasión napoleónica en Canarias. ¡Ohhhh! ¡Pero si Napoleón no pisó Canarias!, exclamó Aday. Bueno, para eso está el estudio, para averiguarlo; le contestó Azu. Y por averiguar algo que todos ya sabemos ¿cuánto te dan? Por esta no me dan mucho, la verdad, creo que son 10.000 euros. ¡Ohhhh!
El clamor de los contertulianos iba in crescendo conforme Azu alardeaba de sus suculentas subvenciones. También está la Asociación de Gays y Lesbianas Arrepentidos/as, a la que suelen otorgarle la misma cantidad todos los años: 50.000 euros. ¡Ohhhh! Luego tengo el Instituto de Estudios Adelantados, que se dedica a la investigación de la cochinilla canaria y su relación con la tinta del calamar gallego, por la que el año pasado me dieron 35.000 euros. ¡Ohhhh! Y por último este año he añadido la Asociación Cultura y Progreso, que se dedicará al estudio de la depuración de los ferroviarios canarios durante la república y el franquismo? ¡Para el carro!, dijo Ruymán con la palma de la mano desplegada frente a Azu. ¡Pero si en Canarias no hemos tenido nunca un ferrocarril! Ante la mirada socarrona que le puso Azu y la sonrisa de cachondeo de Pelicar, éste se rindió ante la evidencia: ¡ya!, la pasta es para estudiar precisamente si la hubo; y el estudio concluirá con que no la hubo porque no había ferroviarios porque, sencillamente, no había ferrocarril. Veo que vas aprendiendo, le contestó Azu ante la exclamación general. ¡Ohhhh!
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