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Cartas al director

9/feb/10 07:37
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Limpieza después de la tormenta

Escribo desde la más absoluta indignación. Como todos los chicharreros sabemos, comenzamos febrero pasados por agua, y sobra decir lo que pasa en nuestra ciudad cuando llueve de modo inusual esa cantidad. Se atascan alcantarillas, descarrila el precioso y colorido tranvía y, por supuesto, salen los bomberos a la calle, al rescate del ciudadano de a pie, que al salir del trabajo se encuentra con el caos de la tormenta. Pero este no es el motivo de mi indignación, el motivo es más personal y profundo.

Yo estoy en paro y mi esposo trabaja para una compañía de transportes y construcción que no voy a mencionar por razones obvias. Esta compañía llama a mi esposo en día festivo porque el cabildo o ayuntamiento contrata, a su vez, camiones de dicha compañía para la limpieza de destrozos y escombros que ya sabemos todos cómo queda la ciudad. Hasta ahí bien. Bueno, te fastidian el día de fiesta, aunque se supone que te pagarán por ello. Ahora viene lo fuerte. Si yo no hubiese tenido dinero para darle a mi esposo para que se comprase al menos un bocadillo, estos negreros del cabildo o de donde se tercie no son capaces de darles a los trabajadores ni un vaso de agua. Es justo que saquen a un hombre de su casa para trabajar en la limpieza de dicho desastre pluvial, pero ¿también tiene que hacerlo sin comer?

Como antes mencioné, pasamos por dificultades económicas y yo no tengo trabajo; el sueldo de mi esposo nos da apenas para llegar a fin de mes; era día primero y aún no había cobrado. Me pregunto cómo es posible que alguien piense que un hombre pueda trabajar sin comer. Y la verdad no me explico cómo funcionan estas subcontratas, si tienen derecho a que se les pague una comida, si es la empresa quien debe hacerse cargo. Sea como sea, estoy indignada. Mi marido salió a las once de la mañana, cuando le llamaron, con una taza de leche con gofio y no le dieron almuerzo. A las seis de la tarde le llamé para saber qué tal estaba y aún no sabía a qué hora llegaría a casa, tal vez de madrugada, y todo sin nada en el estómago. No sé cómo llamar a esto, luego dicen que vivimos en el primer mundo. Es una vergüenza.

C. Dorta

Atrocidad en el camino de Las Peras

Somos un grupo de corredores que nos queremos dirigir desde esta columna periodística a nuestros representantes políticos (alcalde y concejal de Deportes del Ayuntamiento de La Laguna), sobre la atrocidad que han permitido hacer en el camino de Las Peras. Nos engañaron con el alumbrado, porque no lo colocaron, y lo peor de todo es que nos han asfaltado el camino, le colocaron una arenilla mezclada con cal, y, debido a la tormenta del día 1 de febrero, nos hemos dado cuenta de que dicha arena es con la que se hace el asfalto. Esos dos productos se han compactado y el resultado lo tienen que ir a ver: el agua se llevó la arena que estaba superficial y el camino se ha quedado asfaltado sin más, encima les ha salido muy barato.

Lo único que decimos es que están a tiempo de rectificar el error, y que queremos entrenar en un sitio llano, como se ha hecho en ese camino desde hace más de cuarenta años. Porque la alternativa que nos han dado, la Finca del Ganadero, no es adecuada por su trazado. Y la inversión que han hecho en el parque aledaño al camino no servirá de nada si nos tenemos que ir a entrenar a otro sitio, aunque no tenemos muchas alternativas. Por favor, somos cientos de personas las que entrenamos en ese lugar a diario, rectifiquen.

Manuel Cristo Jorge

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