JUAN J. RAMOS, Pamplona
Decía Wallace Stevens que "la condición esencial para ser optimista es tener una absoluta confianza en sí mismo". El Tenerife está a un paso de perder la confianza en sus posibilidades. Rondaba la tentación de la rendición en las últimas semanas, después de que su buen juego y las numerosas ocasiones que genera no le hayan servido para lograr más que tres puntos sobre 21 posibles. Y el golpe ante el Zaragoza, unido a la ausencia de refuerzos al cierre del mercado de invierno, hace que su fe penda de un hilo. Pero es ahora cuando debe reafirmarse la fortaleza de un grupo que ya ha vivido otras situaciones límite.
Los jugadores de José Luis Oltra saben que la salvación depende de ellos, pero también pesa sobre sus cabezas la guillotina de una dinámica demasiado negativa para los méritos contraídos sobre el terreno de juego. En la teoría más pesimista, caer en Pamplona supondría casi una estocada mortal para las huestes insulares. Quizá por eso, como mensaje de esa confianza que ahora escasea, el técnico blanquiazul repetirá el once que naufragó ante los maños. Ezequiel Luna, pese a sus errores, sigue como pareja de Manolo Martínez en el centro de la defensa. La falta de gol tampoco es suficiente para que Alejandro Alfaro y Nino pierdan sus plazas en el ataque tinerfeño.
En cambio, la teoría más positiva da un valor doble a una victoria blanquiazul ante el Osasuna, un equipo al alza después de tres victorias consecutivas. Ni la eliminación copera ha bajado el ánimo de los hombres de Camacho, capaces de ganar a domicilio en lugares tan dispares como Jerez y Villarreal. Se trata de una escuadra fuerte en su estadio, donde no consiguieron ganar ni Barcelona ni Real Madrid.
El entrenador local sólo duda en el acompañante de Nekounam, puesto que Rúper ha ganado enteros para arrebatar un puesto en el pivote a Patxi Puñal.
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