Hoy queremos hablar de los sindicatos. Sabemos que corremos el riesgo de perder simpatías entre ciertos miembros de las organizaciones sindicales cuando decimos que existen demasiados liberados. Personas que sin dar un palo al agua están ganando más que muchos empresarios, a los que se enfrentan con exageradas reivindicaciones en nombre de sus representados, o no. Con este "o no" queremos decir que los conflictos sindicales no siempre se plantean para mejorar la situación de los trabajadores. Muchas veces los motiva el rencor hacia los empresarios. Lo repetimos para que no haya duda: muchos sindicalistas cobran más por destruir empleo que los empresarios por crearlo.
Esta línea de actuación hace que ni España, ni Canarias por su dependencia colonialista de España, puedan salir adelante. Un día más decimos que no nos importa lo que sucede en España, de la misma forma que nos trae sin cuidado lo que ocurre en Bélgica, Holanda, Lituania o la República Checa. Tan sólo nos preocupan las cadenas que nos unen a una metrópoli que nos está arrastrando al abismo. Canarias no saldrá de la pobreza mientras no se libere del yugo colonial. Es imposible, porque el socialismo de Rodríguez Zapatero está conduciendo a la ruina al país que nos domina. El descalabro ocasionado por este hombre es de tal magnitud, que pronto la gente irá por las calles vestida con harapos y hambrienta. Y los que todavía tengan la suerte de contar con un trabajo, también acudirán a él con una tartera o cestita en la que llevarán el gofio amasado con miel -los que tengan la suerte de poder comprar miel-, o unos higos y un poco de cherne frío como antes. Es increíble que esto pueda suceder en Canarias una vez superada aquella época de preguerra civil. La postguerra fue mejor ya que el general, al que detestábamos y seguimos detestando por su mandato autoritario y totalitario, hizo lo que fue posible en aquellos momentos para paliar el hambre. Repartió los alimentos que llegaban a las islas, sobre todo procedentes de Argentina, y estableció los comedores del Auxilio Social.
A esta situación de paro, miseria y hambre nos ha conducido un Zapatero al que aplauden en los mítines socialistas los que tienen el estómago lleno; es decir, los funcionarios y los enchufados del partido con carné de militante. Por ejemplo, los socialistas que gandulean en el Parlamento de Canarias. Personas políticamente inmorales que no tuvieron reparos en aumentarse los sueldos en plena crisis económica, sin que les importase el hambre del pueblo. Ese es el socialismo que practican señores como Santiago Pérez. ¿Es que no hay hambre, don Santiago, don Juan Carlos Alemán y doña Paca Luengo? ¿Qué merecimientos tienen ustedes para cobrar el sueldo que cobran a costa de los trabajadores canarios? ¿Qué han hecho o están haciendo en beneficio de los ciudadanos para percibir lo que perciben?
De la misma forma que el nacionalismo auténtico debe procurar la independencia de su tierra, el socialismo auténtico no debería repartir hambre sino procurar que las barrigas estén llenas o suficientemente alimentadas. Al igual que los socialistas, son "coculpables" de lo que está ocurriendo los diputados del PP y los nacionalistas tibios -los falsos nacionalistas- de CC. Volvemos a preguntarlo: ¿qué trabajo útil están haciendo ustedes para embolsarse esas cifras marcadas en rojo con la sangre del pueblo? ¿No estarán ustedes propiciando una prerrevolución popular?
Díganos, don Santiago -nos centramos en usted porque es el denunciador oficial-, cuál es su contribución a la democracia. ¿Para qué sirve usted como político? Del señor Alemán, procanarión aunque haya sido elegido en Tenerife, no decimos nada, al igual que de la señora Luengo porque sólo es conocida después de los versos de Pérez-Camacho.
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