A veces no hace falta un almuerzo o una velada en regla para disfrutar en regla. De hecho, unos "mimos" para el paladar, en forma de pequeños grandes platos, pueden ser tan placenteros que refrescan a uno aquello de que los más finos perfumes se encuentran en tarros pequeños.
Quise saludar al chef del MB, Paolo Casagrande, que como ya saben fue acreedor de una estrella Michelín en la más reciente edición de la guía francesa. El recibimiento es de una cordialidad exquisita, tanto por el chef como el jefe de sala, Roberto Castro.
¿Qué decir? Y no se puede decir que no cuando Casagrande sugiere un ligero aperitivo antes de marchar. Aún no estaba por allí el sumiller, Álvaro Prieto, que, por cierto, quedó segundo en el reciente certamen de Madrid Fusión de esta especialidad de sala.
Con una copa de champán servida por Castro, llegaron -escribo de memoria- unos bocaditos marca de la casa: "pan-tomaca"; foie con ahumado y etérea capa de azúcar quemado (genial con el champán); queso fundido de cabra con trufa; y un frito ligero y sabroso.
Después, siguiendo con el formato de bocado, el ravioli de bogavante con espuma de curry y café, para pasar a un pichón con rissoto de matices de naranja.
Un minipostre dejó claro un estilo definitorio. Con el poquito de champán que me queda en el gustoso recuerdo, brindo por este equipo y resalto mi agradecimiento.
Por cierto, hablando del Abama, también saludé al chef del Kabuki, Rafael Carrasco, que en ese momento abría unas ostras fabulosas.
Me mostró algún género marino que quiere emplear en su cocina y avanzó lo que será una interesante propuesta gastronómica del concepto japonés cono rúbrica de Ricardo Sanz.
Hay que estar pendientes.
Francisco Belín
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