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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Vendas ideológicas

3/feb/10 08:01
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"¿Y QUIÉN si no es ese hombre nos puede sacar del agujero en el que estamos metidos?", me comentaba un taxista el lunes a mediodía camino del aeropuerto. En ese momento no llovía demasiado en el norte de Tenerife. En realidad, llovía bastante menos de lo habitual en un típico día de lluvia. El buen taxista no se refería, sin embargo, a un socavón dejado por las riadas que se avecinaban, sino a la otra tormenta que cada vez nos golpea con más fuerza: la crisis. El taxista, supongo que huelga decirlo a estas alturas del comentario, estaba hablando de Rodríguez Zapatero. La democracia es así. Y la desinformación política también, claro. Pienso, empero, que el principal problema español en estos momentos no es un asunto de democracia ni de información -hoy tenemos demasiada información y demasiada poca formación-, sino de ceguera ideológica. Pensé que esta obsesión mental se iba a curar con el mero paso del tiempo. Cabía suponer que este pueblo, que durante el siglo XX aguantó desórdenes sociales de todo tipo seguidos de una dictadura militar, y que después padeció con cierto pasmo una república escabrosa, y que a continuación soportó una guerra civil salvaje y fanatizada, y que luego, por si no era suficiente lo anterior, vivió con mayor o peor resignación una dictadura aplastante durante treinta y seis años, y que al final tuvo la suerte de dotarse a sí mismo de una transición pacífica hacia la democracia, aprendería poco a poco a utilizar esa democracia como lo hacen los franceses, mucho más los ingleses y, por encima de cualquier otro pueblo, los norteamericanos. Es decir, para quitar a los que no valen, considerando que elegir a los que sirven es más difícil. Hay que tener la vista y el olfato de un ojeador de fútbol. El que lo hace mal, empero, queda en evidencia de forma inmediata. Le ocurre como al recluta que camina con el paso cambiado: da el cante ante todo el mundo sin que él mismo caiga en la cuenta de su pifia. Cabía suponer, como digo, que poco a poco aprenderíamos a utilizar el poder de decidir electoralmente si no para tener el mejor gobierno posible, si al menos para no tener el peor de todos. Pero no. Treinta y cinco años después de muerto Franco, la grieta ideológica de la sociedad española es profunda y va a más.

Que me perdone el taxista del Norte de Tenerife, pero en Madrid aumenta el guarismo de quienes no ven a Zapatero como un salvador en potencia sino como la apuesta segura por la catástrofe inmediata. Lo ven como un político incapaz de dirigir el barco hispano en mitad del temporal. Una nave cuya rueda del timón gira alocadamente en un sentido u otro sin una mano firme capaz de sujetarla. Hoy propone retrasar la edad de jubilación, mañana matiza; hoy jubila con 52 años a miles de trabajadores de un ente público, mañana reconsidera el tema; hoy aumenta el contingente "de paz" en Afganistán, mañana sus tropas liquidan a tiro limpio a tres talibanes que previamente habían matado a un soldado español, y así hasta el infinito. Y no sólo lo están viendo en Madrid; también lo ven en Tenerife y en cualquier lugar del país. Ciertamente quedan irredentos del dogma progre, como Santiago Pérez el leninista, pero cada vez son menos incluso dentro del propio PSOE. Ojalá empiecen a caerse las vendas ideológicas.

rpeyt@yahoo.es

 

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