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LUZ EN EL CAMINO FERNANDO LORENTE, O.H. *

La educación (II)

3/feb/10 08:01
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La tranquilidad de los Estados depende de la buena educación de la juventud. (Emilio Castelar)

ACTUALMENTE se ansía vivir cada vez más años, cada vez mejor y cada vez más intensamente, sin considerar ni dar las debidas respuestas a estas dos preguntas: ¿qué vivir?, y vivir ¿para qué? Se afirma -y en el campo material tiene bastante de verdad- que estamos mejor equipados que nunca para vivir una vida sana y de mejor calidad. Pero antes debiéramos preguntarnos ¿qué es una persona sana?, ¿qué es una vida de calidad humana?

No se puede dudar de que hemos hecho la vida más larga, más cómoda y muy materialmente agradable; pero ¿no la hemos hecho también más vacía, más superficial y absurda? ¿Y este es el camino para satisfacer la necesidad profunda de vida que se encierra en el ser humano? Y todavía más:

-El hecho cultural sobre el que parece existir una conspiración de silencio, en el sentido de que cada vez se medita menos sobre el sentido último de la vida.

-Y cuando la vida se desconecta de toda relación con el Creador (Dios), privada del destino trascendente, la existencia del ser humano, antes y ahora, se está convirtiendo en un episodio irrelevante que hay que llenar de bienestar y de experiencia totalmente materialista.

-Y esta situación ¿es de verdadero progreso entender y vivir la vida de manera tan rudimentaria y tan pobre de contenido, de horizonte y de sentido como lo hacen actualmente no pocas personas y perciben, sobre todo, los adolescentes?

Por otra parte, muchas personas creen que lo bueno es lo que produce bienestar, y lo malo lo que causa malestar. Y por eso nos podremos encontrar con jóvenes que toman alcohol o droga para sentir bienestar, pero, evidentemente, su actuación no es sana. También hay personas que pueden sentirse bien en medio de una sociedad injusta -o que contribuyan, con su conducta, a que lo sea- ocupándose exclusivamente de su bienestar y olvidando el sufrimiento de los más débiles y marginados, pero difícilmente podrá decirse que es sana esa insensibilidad.

¡Cuánto importa, para la familia, para la sociedad y para los Estados! La educación recibida en el campo humano, intelectual y religioso conforma en el presente y en el futuro la verdadera personalidad de los ciudadanos. Todos somos lo que hemos aprendido, lo que hemos sido capaces de asimilar en la educación y formación recibidas en lo intelectual y en lo religioso.

* Capellán de la clínica

S. Juan de Dios

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