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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Una cena por Haití...

2/feb/10 08:00
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NUMEROSAS instituciones han repudiado el comportamiento de varios médicos puertorriqueños que viajaron a la frontera dominicana para ayudar en la tragedia de Haití. Después de una "dura" jornada de trabajo, los galenos se fotografiaron en plena juerga con botellas de whisky en la mano y, lo que es peor, portando armas como si estuviesen en un safari africano. ¿Habían ido de safari? En fin, hasta ahí una metedura de pata, y poco más. Lo peor es que también se hicieron fotos en los quirófanos donde estaban operando. En una de las instantáneas se ve a un cirujano sonriendo con una sierra en la mano, como si la amputación que se disponía a realizar fuese un chiste. Quizá para él, sí; para el infeliz que iba a perder el miembro, tal vez no. Las primeras y más duras críticas han partido del presidente del Colegio de Médicos de Puerto Rico, Eduardo Ibarra. "No es propio que médicos posen con armas cuando representan a los defensores de la vida", manifestó. Ni con armas, ni con botellas de licor, ni con seguetas.

Vaya por delante que el comportamiento de estos galenos no es equiparable al de todo el personal sanitario que se ha desplazado hasta ese país después del terremoto. Dando un paso al límite, estoy seguro de que los mismos profesionales de las desafortunadas fotos también han realizado su trabajo como mejor han podido y con absoluta responsabilidad; un trabajo estresante y, en esas circunstancias, descorazonador. Sólo un par de copas al final del día le permite a un ser humano evadirse de la tragedia y no caer en la locura. Por ese lado puedo estar de acuerdo. Las fotos, en cambio, sobraban.

Sobraba también la cena organizada el pasado viernes en un hotel portuense para recaudar fondos destinados a Haití. No por la intención, que es muy buena, sino por el vergonzoso boato que la acompañó. Ignoro cuántas crónicas se han escrito sobre ese "magno" acontecimiento. La única que he leído estaba redactada con tanta frivolidad, que he sentido ganas de vomitar. Al final se recaudaron 60.000 euros. Menos da una piedra, aunque para ese viaje no hacían falta tantas alforjas. No hacía falta ni siquiera emperifollarse, como diría mi abuela que en gloria esté. Durante un par de minutos he mirado, absolutamente sumido en el bochorno, una foto de Paulino Rivero conversando con la embajadora de Haití en España. Una señora que, según relatan las cronistas de la velada, está al borde del agotamiento por el intenso trabajo de los últimos días. No lo dudo. Sin embargo, en la foto aparece muy bien. No muestra, desde luego, el aspecto famélico de las mujeres haitianas que siguen saliendo en los informativos de televisión. Además de Rivero estaban José Manuel Soria, Ricardo Melchior y Miguel Zerolo, entre otros. A los cuatro los considero políticos suficientemente serios para acudir a un sarao en plan florero. Eso ya no lo hace ni la Presley. Y todo para 60.000 miserables euros. ¿No le da vergüenza a la crema política, empresarial y social de Tenerife ponerse de largo para recaudar diez escuetos millones de pesetas? Bien es verdad que a esa cena se iba esencialmente a ser visto; el sufrimiento de los haitianos era sólo el pretexto. "Cuando des limosna, no hagas tocar la trompeta delante de ti como los hipócritas", recomienda el Evangelio de San Mateo. Pero, ¿queda alguien que lea los Evangelios? Espero que al menos el padre Antonio sí, aunque allí estaba como todo el mundo.

rpeyt@yahoo.es

 

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