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EDITORIAL

Sin independencia sólo somos apátridas

2/feb/10 08:00
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PENSÁBAMOS DECIR, en el comienzo de este editorial, que los pocos canarios convencidos de que el futuro inmediato de esta tierra nuestra pasa por su independencia habrán admirado las declaraciones realizadas en nuestra edición del pasado domingo por Deyanira Tabares. Sin embargo, creemos que nos equivocamos. Ya no son pocos, sino muchos -y cada vez más- los canarios que piensan como nosotros; es decir, que aspiran a vivir en libertad, sin ataduras, dueños de sí mismos, siendo canarios de su nación canaria y no españoles de tercera o cuarta categoría o, lo que aún es peor, europeos ultraperiféricos. Insistimos: cada vez somos más. Nos alegra afirmarlo porque es la verdad. Empezamos a ser tantos, que hay quien dice que no importaría un referéndum sobre la independencia de esta tierra sometida mediante el vergonzoso disfraz de una comunidad autónoma. Lo repetimos: no queda ni un solo canario auténtico que no se haya convencido de que la independencia es la única solución para su tierra. Una tierra que no tiene por qué seguir atada a la Metrópoli española. Ya no hay vuelta atrás.

Sabemos, porque somos realistas -ilusionados pero con los pies en el suelo- que todavía nos queda mucho camino por recorrer. España hará cuanto esté en su mano para no perder la última colonia que le queda. De hecho, lo está haciendo ya. El Gobierno de Madrid está desplegando toda su influencia política y diplomática para impedir que al final de 2010 como mínimo se hayan iniciado las conversaciones para el proceso de descolonización. Esto significa que los gobernantes españoles están conculcando un acuerdo internacional que suscribieron en su día, como es la Resolución 1.514 del Comité de Descolonización de los Pueblos de las Naciones Unidas. El Ejecutivo español está medrando para que la ONU no incluya a Canarias en la lista de países que deben ser descolonizados como muy tarde el 31 de diciembre de este año, fecha en la que concluye la segunda y definitiva década convocada por la Asamblea General de esa organización para poner fin a la colonización que, junto con la esclavitud, ha sido y sigue siendo una de las mayores lacras de la humanidad.

El principal argumento español para oponerse a nuestra independencia es decir que somos una comunidad autónoma. Eso es una barbaridad tanto por parte de quien la esgrime, como por el lado de quien la acepta. También el general quiso disfrazar el Sahara de provincia española, con la presencia de procuradores saharauis en las Cortes franquistas. Un engaño que no sirvió de nada, pues Marruecos se apropió de ese territorio cuando lo consideró oportuno, de la misma forma que lo hará con Canarias el día que le apetezca. ¿Puede pensar alguien que la presencia en Madrid de doña Ana Oramas, don José Luis Perestelo y don el otro convierten a Canarias de forma automática en una comunidad autónoma española? Qué va.

La treta de la autonomía es un recurso muy utilizado. El propio Mohamed VI intenta aplicarlo al Sahara. El monarca alauita quiere convertir ese territorio en una provincia autónoma. De esa manera eludiría el mandato de las Naciones Unidas de celebrar un referéndum para la autodeterminación. Es posible que Mohamed VI se salga con la suya, pues cuenta con el apoyo de importantes países. Entre ellos, Estados Unidos. Sin embargo, la ONU no puede admitir que Madrid haga lo mismo con Canarias. En el caso de estas Islas está por medio un genocidio perpetrado hace seis siglos. Esto obliga al Gobierno español no sólo a liberar el Archipiélago, sino incluso a indemnizar a sus habitantes por el crimen de lesa humanidad que cometieron los invasores. "Son derechos irrenunciables e inalienables de la Nación Canaria la independencia, la libertad, la soberanía, la inmunidad, la integridad territorial y la autodeterminación nacional", afirma Deyanira Tabares. "La descolonización e independencia llevan implícito la indemnización de nuestro pueblo por extracción humana y material durante más de seis siglos. Somos un territorio dominado y administrado por una potencia extranjera, y llevamos 600 años esclavizados y sometidos al poderío metropolitano español; es más, nos expropiaron geográficamente nada más apoderarse de nuestro país, repartiendo nuestras tierras y aguas potables a caballeros, escuderos, marineros, a extranjeros, a personas poderosas de la época y, cómo no, a nuestros propios traidores; acontecimientos y circunstancias que después de más de seis siglos aún perduran". De acuerdo en todo salvo en la autodeterminación; una palabra que no cabe en nuestro vocabulario, porque estas Islas ya estaban autodeterminadas como territorio independiente antes de que llegaran los españoles.

También queremos hacerle una precisión a esta joven y valiente independentista cuando dice que "Canarias es la colonia más antigua del planeta y la única que se ha mantenido sumisa a sus invasores". Sumisa, no; sometida por la fuerza de las Fuerzas, sí. Por la fuerza y por una política sibilina de la Metrópoli consistente, por un lado, en narcotizar a la población para que no se subleve, y por otro en convencerla de que el único futuro posible para esta tierra pasa por seguir bajo la tutela de los españoles. Una mentira infame, porque la realidad apunta a todo lo contrario. Canarias posee un gran futuro como territorio independiente. Un futuro lleno de oportunidades, del que carecemos si seguimos uncidos a España por el yugo de la esclavitud colonial. España se está hundiendo en el mayor de los abismos debido a la errónea política de Zapatero y todos sus socialistas. O nos separamos y salimos a flote por nuestra cuenta, o acabamos en el fondo del océano. Y debemos independizarnos ahora. Como dice Deyanira Tabares, mañana ya es demasiado tarde.

Ha pasado el mes de enero y sigue sin pasar nada. No pasa nada para que alcancemos nuestra ansiada e ineludible libertad porque los desafortunados representantes del nacionalismo canario en Madrid siguen de brazos cruzados. En vez de alzar su voz en el corazón de la Metrópoli que nos esclaviza, la señora Oramas sigue tan contenta haciéndole el juego a los españoles. Qué desgracia para esta tierra tener políticos como doña Ana, don José Luis Perestelo y don el otro. No porque ellos sean unos desgraciados -como personas son muy respetables- sino porque su acción política es clompletamente desafortunada. Su ambición les pierde. Sobre todo la ambición de la señora Oramas. Una señora entregada al PSOE que ahora publica en la prensa de Las Palmas y en la procanariona que se imprime en Tenerife, a la que no le importa el sufrimiento de su pueblo con tal de ser ministra o presidenta de la Comunidad Autónoma. Confiamos que no logre ni una cosa ni la otra. Dios se lo impida por el bien de este Archipiélago.

Siempre hemos defendido la integridad de la España continental. Una integridad que incluye a los pueblos gallego, vasco y catalán. Desconocemos sus razones históricas, de territorio y de habla para su independencia. Por lo tanto, nos parece que la secesión de cualquiera de estas regiones ocasionaría una mordida inadmisible en el mapa de España. No obstante, a la vista de los desmanes cometidos por España en Canarias durante tantos siglos, hemos llegado a pensar que las tres citadas comunidades autónomas poseen motivos suficientes para iniciar una andadura en solitario. Tan sólo rechazamos la violencia con que algunos vascos tratan de imponer sus criterios, pues somos personas pacíficas que siempre abogan por la vía del diálogo para que cada cual recupere sus derechos. Sin embargo, nuestro afán es Canarias. Los canarios debemos convencernos plenamente de que no somos españoles. En realidad, mientras sigamos colonizados ni siquiera somos canarios. Eso es lo más grave. Estamos en un limbo político en el que no somos nada: ni españoles, ni europeos, ni nada. Sólo indígenas ultraperiféricos de los que se ríen todos apenas llegamos a la península y nos delata nuestro acento. Convéncete, canario. Mientras tu tierra no sea independiente, tú eres un apátrida.

 

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