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LA MEDIA COLUMNA FRANCISCO AYALA

De telebasura a telechiquero

1/feb/10 08:02
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EN LA NOCHE del jueves pasado, tengo entendido que finalizó, en el canal privado Telecinco de esta televisión-basura que sufrimos los españoles, ese programa de malísimo gusto que se titula "Gran Hermano" y que hace el número once de los emitidos por la tal cadena que, por lo que se ve, tiene "navy cert" del Gobierno socialista para lanzar a las antenas ese "reality show", que dicen los ingleses y que viene a ser como un vale todo en la "caja tonta" como llamaban a la TV cuando empezó a emitir y era sólo la pública. Y, miren cómo son las cosas que, al cabo de los años, añoramos ahora aquella Televisión Española que se hacía con tanta pulcritud, calidad y magníficos contenidos que educaban, formaban y entretenían a la gente.

Dice don Clemente Ferrer, que es presidente del Instituto Europeo de Márketing, en un escrito que publica en su número del jueves último este periódico, que el tal programa fue inventado por un sujeto holandés, que responde por John Mol, en 1997 y comenzó, él mismo, a lanzarlo en su país por su propia productora. Desafortunadamente, como la gente imita lo malo y lo vulgar, "Gran Hermano" fue copiado por emisoras de 70 países.

Concuerdo con el señor Ferrer en que "los contenidos del programa son banales y ordinarios y que están en la frontera de lo éticamente permisible".

Y tanto, añado, porque, aunque no creo que otros países lo permitan, aquí, en España, "Gran Hermano" es una exhibición abierta y permitida de lo que, entre nosotros, llamamos relajos: hombres y mujeres en la misma cama, bajo sábanas con movimientos que lo expresan todo. Y de ahí para abajo, apretones, abrazos, besos de todas las facturas, lenguaje barriobajero y obscenidades sin fronteras.

La presentadora y moderadora del programa, doña Mercedes Milá, que es una buena profesional, desciende a interpretar un diálogo con los concursantes, porque ese bodrio es un concurso de lo más descafeínado e intrascendente con expresiones, a veces, incomprensibles, y a veces, absolutamente idiotescas y absurdas. En resumen, todo un conjunto de despropósitos. Y del contenido de las conversaciones entre los participantes, observados y captados constantemente por las cámaras, mejor no mencionar porque no existen adjetivos para calificarlos.

En cuanto a la TV que emite programas de ese corte pasa de basura a "chiqueril", que no es palabra castellana, pero que viene de chiquero que, como se sabe, son las estancias de los cochinos, también conocidos por puercos.

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